Es posible lograr el cambio

Estamos en los primeros pasos de un nuevo año que tiene mucho de incertidumbre y muy poco de certezas. La situación nacional es extremadamente compleja, no sólo porque el gobierno del Partido Colorado sigue aferrado a las versiones más ortodoxas del neoliberalismo, sino además porque parece haber entrado en un estado de sueño o de letargo, mientras desata una lluvia de aumentos en las tarifas públicas.

El país se cae a pedazos y con él los uruguayos. Pero el gobierno no tiene ningún tipo de reacción, limitándose a decir que este será el año de la reestructura del Estado, enviando una reforma tributaria que habla del impuesto a la renta pero que insiste con la generalización del IVA y que allá por agosto los sectores exportadores provocarán los primeros síntomas de una mejora.

Ante esta realidad que se agrava y que llega al nuevo año con señales por demás negativas en materia de desempleo y de poder adquisitivo de los salarios, los encuentristas y frenteamplistas tenemos el gran desafío de incorporar algunas reflexiones, sin dejar de actuar. Si la situación económica y anímica del país hubiera sido otra, el reciente acuerdo logrado entre el EP-FA y el Nuevo Espacio llamando a crear nuevas mayorías electorales para desplazar a los partidos tradicionales del gobierno y así abrir los caminos del cambio, habría significado un estado de alegría generalizado. Pero eso no fue así porque los factores anímicos muchas veces impiden calibrar, en toda su dimensión, los grandes pasos que sin estridencia dan los pueblos en determinadas coyunturas históricas. Recuperar la confianza en nuestras fuerzas y en las fuerzas de la sociedad –basándonos en éxitos como ha sido la recolección de firmas por Ancap–, es uno de los desafíos más grandes que tenemos por delante, porque no alcanza con orejear las encuestas para saber si a una fuerza política le va bien o mal. Importa y mucho, sentir en la piel que cada día más gente comienza a asumir que hay posibilidades de cambio y que esas multitudes que se manifiestan en intención de voto a favor de las nuevas mayorías, irrumpan con energías, con ideas y propuestas para construir una nueva realidad. Este proceso de nuevas alianzas no termina con el acuerdo logrado con el Nuevo Espacio, sino que comienza y es a la vez la plataforma para ampliar aun más el escenario del progresismo que se proyecta como tarea imprescindible para ganar el gobierno, pero mucho más para realizar las transformaciones que el país y los uruguayos reclaman.

No hay contradicción entre amplitud y cambios, más cuando las tareas que tenemos por delante son de refundación nacional y que por ello deberán contar con las fuerzas sanas del país. Como no hubo nunca contradicción, desde el momento en que se pudo avanzar en la unidad del pueblo expresada en el Frente Amplio. ¿Cuántos seríamos hoy si la izquierda se hubiera quedado sólo en las fuerzas que firmaron el acuerdo del 5 de febrero de 1971? ¿El permanente crecimiento de la izquierda en votos y en sectores constituyentes debilitó o fortaleció a la izquierda y el progresismo? ¿Qué hubiera sido del país y de la opción del cambio si no hubiera nacido el EP-FA? Las respuestas son en esa dirección y por eso hay que seguir bregando por una mayor amplitud construida sobre acuerdos programáticos y políticos muy sólidos. Esa amplitud y esa unidad gestada desde el pie es la que va a crear un nuevo estado de ánimo que nos permita darle un nuevo tono a toda la sociedad, para que en 2003 se pueda influir en el cambio de la política económica, en la perspectiva de una nueva alborada que se expresará en octubre de 2004. Tarea que será de los más amplios sectores de nuestra sociedad. Por todo esto: amplitud y profundidad, profundidad y amplitud. Y a prepararnos para festejar el próximo 5 de febrero, junto a todos los progresistas que buscan un camino de entendimiento, el nacimiento del Frente Amplio en aquella luminosa mañana de 1971. *

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