Ajuste salarial en el Palacio

En el programa «Amargueando» que conduce el periodista Alberto Silva y se transmite por 1410 AM LIBRE, con el estilo directo, entrador y sencillo que caracteriza a ese equipo periodístico, nos pidieron –a usted y a mí– la opinión respecto de la actitud asumida por los senadores del EP-FA, cuando negaron sus votos para anular el ajuste salarial semestral de los empleados del Poder Legislativo.

A esa altura del campeonato, ya se había desarrollado una intensa campaña política y de prensa, demonizando a los legisladores frentistas, sobre la base de tópicos recurrentes: Que los presuntos defensores de los pobres no querían recortar sus propios salarios; que mientras los sacrificados trabajadores privados habían visto recortadas sus retribuciones, a los burócratas impresentables se les continuaba mimando; que no tiene gollete la existencia de un puñado de privilegiados –los únicos– que no hacen ningún sacrificio para superar la crisis como el resto de la sociedad; que el EP-FA muestra un doble discurso, puesto que defiende en el Palacio Legislativo lo que reprimió en el Palacio Municipal; y alguna otra lindeza.

Sus respuestas fueron directas –como buen escucha de «Amargueando»– y evidenciaron que la campaña de prensa no había transcurrido en vano. Hubo críticas al senador Korzeniak por su línea argumental para defender la posición del FA; hubo críticas a los empleados del Poder Legislativo que son los privilegiados de la Administración Pública y provocan el enorme déficit presupuestal; hubo consejos hacia los legisladores frentistas que habían entrado en un corral de ramas montado por blancos y colorados; y no faltó el que enjuició a Alberto Silva, por promover la discusión de un asunto que más vale barrer debajo de la alfombra para no darle armas a los enemigos.

Sin embargo, las respuestas se fueron encaminando, porque –intercaladas con las que resumí en el párrafo anterior– se fueron abriendo camino otras opiniones que yo me permito sintetizar:

1.- La discusión parlamentaria que dio origen a la actual campaña, no incluyó el ajuste de las retribuciones de los senadores dado que el mismo se realiza en los meses de marzo y setiembre. Y yo me permito recordar que los salarios de los parlamentarios se fijan por la Asamblea General Legislativa en la última reunión de cada Legislatura, para aquellos que sean electos en los comicios que se realizarán. Es decir que los parlamentarios no son dueños de fijar o toquetear sus propios sueldos. A tal extremo, que en oportunidad del último ajuste de setiembre de 2002, tuvieron que inventar un impuesto específico que absorbiera el ajuste salarial, y cuyo destino fue el Iname.

2.- El brutal retroceso de los salarios privados ha sido provocado por la brutal crisis que padece el país –como consecuencia de la aplicación de una política equivocada– y la falta de convocatoria a los consejos de salarios para que negocien trabajadores y empresarios, con la participación del gobierno, tal como lo establecen las normas aconsejadas por la OIT y que en Uruguay son ley. Agrego yo que el magro ajuste que recibirán los jubilados y pensionistas   si se aplica a rajatabla el mínimo establecido en el artículo 67 de la Constitución– está provocado por esa congelación de salarios y la manera caprichosa de calcular el índice medio de salarios (IMS) sobre la base de los salarios líquidos.

3.- Recuperar cada seis meses el poder adquisitivo perdido no constituye ningún privilegio; mientras que sí es un despojo, proyectar ajustes del tres por ciento para hacer frente a una inflación del veintiséis en el año. En este ítem me permito anotar que con tanta alharaca del ajuste para un puñado de funcionarios, no ha habido un análisis profundo de las consecuencias negativas para todos que ha significado el mazazo del trece por ciento en el precio de los combustibles, nada más que por razones fiscales.

4.- Más allá de la opinión que cada uno tenga del comportamiento de las autoridades municipales de Montevideo en su relacionamiento con el gremio, es necesario saber que el ajuste salarial que se está aplicando, está muy lejos del mentado tres por ciento en el año que nos pasan todos los días por delante de los ojos para que nos vayamos acostumbrando a él.

Para concluir: gracias a la iniciativa del equipo de «Amargueando», pudimos arrojarnos luz sobre un asunto que, si lo hubiéramos dejado pasar así como así, casi como que les dábamos la razón a los jinetes del Apocalipsis. *

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