Sacapuntas

Petróleo

La convicción de que hay petróleo en suelo uruguayo tuvo su empuje primordial hacia la década de 1950 –o tal vez antes, porque mi memoria ya no es fiel–, cuando el cura Améndola, con su entusiasmo cuasi supersticioso, trataba de convencer a los gobiernos acerca de los sitios adonde buscar. Luego vino la Comisión Nacional del Petróleo, que durante más de cuarenta años presidió Saúl Irureta Goyena.

Al cura Améndola lo mataron en San Juan, Argentina, en extrañas circunstancias. Entonces se dijo que le habían robado unos planos muy valiosos, aunque, ya se sabe, la fantasía popular suele ser rica y absurda. La Comisión Nacional del Petróleo terminó muriendo de cansancio y desencanto.

Ahora hay unos geólogos franceses, que no son los primeros, ni franceses ni geólogos llegados a este país con esa finalidad, haciendo un trabajo en idéntica dirección. Diseñarán unos planos del suelo marítimo nacional y esperan venderlos a petroleras multinacionales, las únicas con infraestructura y capital como para realizar las prospecciones eventualmente necesarias.

Sin malicia, lector, le digo que he oído este cuento otras veces.

La ciencia y la tecnología han avanzado. Hoy se puede hacer mejor que ayer cualquier operación de este tipo. No obstante, hay una duda que, hasta que sea contestada, la sufriré como un incordio anal: ¿por qué la descomunal información acumulada por Ancap a lo largo de más de cincuenta años, obtenida y corregida en distintos períodos, ha desaparecido en una suerte de agujero negro y ahora volvemos al principio, contratando empresas extranjeras que venderán a otras, también extranjeras, una información supuestamente vital para los intereses del país?

No sé. Intuyo que faltan detalles, a ver si esto cierra bien.

Tengo la impresión de que Ancap está tan desesperada como aquel tipo que, en pleno siglo dieciocho, publicó este aviso: «Músico en venta, 26 años, l,85 de estatura, toca el clarinete y el contrabajo, canta como bajo, es médico, puede sangrar con lanceta, conoce peluquería y aplica enemas».

Y arreglaba por cualquier precio. *

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