SACAPUNTAS

El gran vacío

Cuando se hace consciente la carencia de un sentimiento de identidad, se experimenta lo que Robert Mac Iver llamó «el gran vacío». Alvin Toffler dice que esa carencia se vive como si uno, en comparación con otros, no fuese completamente una persona.

Si usted, lector, me permite la licencia un tanto osada, creo que se puede decir lo mismo de un país.

El Uruguay de hoy, carece de un sentimiento de identidad, sufre un gran vacío y no se siente una nación. En el origen de semejante patología hay causas políticas, económicas y culturales.

A la política le ha faltado la grandeza de asumir, sin exclusiones, un proyecto global, mil veces naufragado entre apelaciones partidarias anacrónicas, dogmas y ambiciones chicas. La economía, desde hace más de cincuenta años, viene agrandando la brecha entre unos pocos ricos y unos cuantos pobres, sin justicia en la contribución ni en el reparto de la riqueza. Culturalmente, hemos sido incapaces de crear una solidaridad nacional y escapar de la tentación del privilegio mal habido y de la ventaja sobre el otro.

Sólo así se explica que los gobiernos no achiquen sino engorden a un Estado que también discrimina hacia adentro, que las reformas impositivas esencialmente no respeten a la mayoría, que los empresarios persistan en usar como única variable de ajuste a los trabajadores, que cada «patria deudora» apele a cualquier recurso para presionar por beneficios que perjudicarán a los demás, que la corrupción campee, oronda, y que todas las leyes y normas que se van acordando a lo largo del tiempo sean sistemática y alegremente violadas sin pudor ni compasión.

¡Pensar que Einstein postuló que debemos estar para los demás!

Nosotros estamos fugando, tirándolo todo para después. Es la clásica actitud de simulación que describió Alfred Adler en «El carácter neurótico». El hombre  en este caso el país- trata de justificarse ante sí mismo y ante los demás.

Como decía Wimpi, el tipo se encierra, cruza a la vereda de enfrente, hace decir que no está.

Y huye hacia delante, con los ojos cerrados. *

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