SACAPUNTAS

Mucha plata

Por alguna misteriosa razón las autoridades de la enseñanza no han explicado, con el detalle que la sociedad tiene derecho a exigir, qué harán con la montaña de plata que parece estarles destinada.

Diecisiete millones de dólares –de cuya supuesta deglución se había acusado a Rentas Generales– corresponden a la licitación por la playa de contenedores del puerto de Montevideo. Y hay otros cuarenta millones otorgados por el BID para la protección de la niñez y la adolescencia, de los cuales, si se procede sensatamente, la ANEP debería administrar una parte sustancial.

Si se lo usa bien, es mucho dinero.

Ahora bien, acerca de los diecisiete millones de dólares, no basta haber declarado que se aplicarán a un programa de construcción de locales docentes, de renovación de otros y de mejora de la infraestructura.

Las estadísticas revelan que han crecido los índices de repetición y deserción escolar. Un deterioro desigual, pues hay áreas donde se expresa más dramáticamente. El difuso programa aludido por la ANEP ¿de qué manera contempla esta realidad?

Del eventual uso de los cuarenta millones de dólares del BID se sabe aun menos. No obstante, alguien –siempre hay funcionarios dispuestos a propinarnos unas generalidades– ha sugerido que reforzarán la lucha contra la pobreza y la marginación y los planes alimentarios de emergencia.

Como la deserción y los índices de repetición están asociados precisamente a la pobreza, el hambre y la marginación, y como no parece haber un ámbito más apropiado a una respuesta eficaz que la escuela y el liceo, sería un despropósito diluir tanta plata en otros múltiples y burocráticos programas.

Ojo, ha ocurrido antes.

O sea, lector, falta información, las papas queman y los riesgos no son chicos. Por las pestañas del profeta famélico, no desperdiciemos tanta plata.

¡Que no termine en manos de Davrieux!

Si hay otro matrimonio entre los recursos disponibles y Davrieux, este dinero va a quedar como, según Wimpi, queda un marido: convertido en la viruta del novio, porque todo casamiento es una cepillada. *

 

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