Carlos Marx, hoy más vigente que nunca

La crisis del capitalismo de hoy es la que estudió Marx en 1867, en que explicó que son cíclicas y se producen más o menos cada once años. La caída de la URSS en 1991 le dio al sistema un nuevo y notable auge cuando se encontró con que ya no tenía adversarios y por el contrario, se pudo robar en Rusia y en la Europa del Este sin frenos de ningún tipo.

¿Por qué? Porque el capitalismo sólo puede disimular sus contradicciones cuando logra expandirse a más y más países. Y por eso en los noventa vivimos varios años de expansión. Pero a los once años volvió la crisis no sólo en el Tercer Mundo, sino también en los países desarrollados, comenzando por EEUU, con la caída de sus más grandes empresas, y por Europa, con la recesión alemana y la crisis de la famosa «locomotora».

La solución que el sistema ofrece es siempre la misma: salir hacia la guerra. Las crisis y las guerras eran lo que Marx más criticó del sistema capitalista, porque la Humanidad tiene que encontrar en el gobierno del proletariado (no la dictadura) un sistema menos brutal que este. Y ahí lo tenemos a Mr. Bush listo ya para atacar a Irak, con lo que dinamizará su economía, serán muchos menos los desocupados porque los jóvenes se van al frente y otros ocupan sus lugares, y de paso, él, el vicepresidente Cheney y sus compañías petroleras se quedarán con el petróleo de Irak primero y después con el de sus países vecinos, pasando a dominar las mayores reservas del planeta. Adiós a las nacionalizaciones de los setenta.

En 1942 hubo desocupación cero en EEUU, porque por fin habían entrado también en la guerra mundial, después de Pearl Harbor. Siempre se discutió por qué Franklin Roosevelt había concentrado su flota allí, tan expuesta al ataque japonés, y la convicción general era que lo hizo para entrar en la guerra, venciendo con un gran shock el sentimiento muy fuerte aislacionista del pueblo norteamericano, uno de cuyos líderes era el héroe Charles Lindberg.

Hoy se sostiene que entre los Bush y los Bin Laden existe una relación que viene desde sus abuelos y que tanto George W. como Osama tenían un vínculo muy estrecho desde los años de lucha en Afganistán contra la ocupación soviética a partir de 1979. Y que en junio de 2001 George W. le propuso un acuerdo y le dio un ultimátum a Osama, diciéndole que si lo aceptaba, tendría alfombra roja, pero si no, la alfombra sería de bombas. Y Osama dio vía libre entonces al atentado de las Torres Gemelas del 11 de setiembre, que tan bien le ha servido a George W. para afirmar un liderazgo que no tenía y ganar las elecciones últimas.

Y hoy está claro que no encuentran a Bin Laden porque a George W. le conviene que siga sin aparecer, para mostrar sus videos y agitarlos como fantasmas cada vez que necesita convencer a su pueblo de la necesidad de la guerra con Irak.

La verdad es que tanto Pearl Harbor como las Torres Gemelas no hacen sino continuar una tradición yanqui que viene de muy atrás. En 1898 el hundimiento del acorazado Maine fue la excusa para que EEUU entrara en la guerra de Cuba y sustituyera al imperio español por el norteamericano. Y después se supo que lo habían hecho volar ellos mismos, y que los tripulantes que había y que murieron eran casi todos de raza negra y no había ningún oficial de importancia a bordo en ese momento. La saga de las infamias, como se ve, es muy larga. *

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