La indiferencia hacia la justicia social
Hace ya mucho tiempo las organizaciones sociales, entre ellas la Onajpu y el PIT CNT, plantean la situación dramática de quienes no tienen trabajo y de quienes trabajan y deben vivir con sueldos de hambre.
También se ha planteado reiteradamente la situación de muchos miles de jubilados y pensionistas que desde hace años cobran pasividades indignas, generadas por un derecho establecido en la Constitución y que solamente es contemplado en la letra fría de su contenido, pero que choca con la decisión mucho más fría aún, que las decisiones macroeconómicas han transformado en formalismos de cumplimiento que contienen una alto grado de indiferencia sobre la justicia o no de ese derecho.
Como primera medida de este ya largo proceso de involución social, se proyectó la reforma previsional, cuya característica más resaltable fue la creación de un sistema privado de jubilaciones al que aportan los trabajadores, pagando una leonina comisión para que hoy, esas administradoras, les digan que tienen 40 millones de dólares menos de los que recibieron para administrar con destino a una posible y futura pasividad. Pero la ley también alejó a la gente de la posibilidad del retiro, fijando nuevas reglas de juego que perjudicaron a todos quienes viven en un país real donde el trabajo es cada vez menos, mal pago y con una desregulación laboral que es estimulada por los gobernantes en perjuicio directo de unos: trabajadores, jubilados y pensionistas, y en beneficio de otros: las patronales a las cuales se les rebajan en forma incesante los aportes patronales, se les devuelven impuestos y se les refinancian deudas. Los jubilados y pensionistas, ante la indiferencia de quienes tienen la obligación de atender la situación preocupante de cientos de miles de uruguayos amparados en el Sistema de Seguridad Social, han planteado su aspiración de ser contemplados en una pequeña parte de sus aspiraciones reivindicativas que pasan por problemas de vivienda, salud, alimentación y vida digna. Se le ha planteado al Sr. Ministro de Economía un aumento de 500 pesos a todos los pasivos. Desde el planteo han pasado dos meses y hasta hoy el responsable de las finanzas del país está por contestar.
Mientras tanto, los casi 600.000 pasivos del BPS, aguardan con incertidumbre la respuesta que no llega. Si bien existen varios sectores de la población inquietos por problemas que les preocupan y nos referimos a los afectados por el sistema financiero, a los pequeños productores, a los comerciantes en bancarrota, a los 300.000 uruguayos que buscan trabajo, o a los 47.000 trabajadores que están en el seguro por desempleo y no saben si vuelven a trabajar, no deben ser olvidados quienes al parecer, sólo cuentan cuando se habla de los saldos negativos de los balances del Estado y de la influencia que en su costo tienen las pasividades.
Seguimos esperando la respuesta, dado que si de acuerdo a lo que se afirma públicamente se pueden destinar 2.000 millones de dólares para salvar la imagen del país, se puede también destinar de ellos solamente el 7 % para que un quinto de sus habitantes, recupere una pequeña parte de lo que han pagado con necesidades y carencias por sostener esa imagen de país serio y a la vez tan injusto.
Hasta ahora nadie ha dicho cómo recuperamos el costo de vida galopante que estamos pagando con los mismos sueldos y pasividades del año pasado, lo que no quiere decir que sueldos y pasividades fueran suficientes en aquel momento.
Pero debemos alertar que no vamos a seguir condenados a la indiferencia en forma eterna y si hay responsables de esta situación, que sí, los hay, a ellos ya estamos responsabilizando. Hasta ahora hemos adoptado una actitud de prudencia. Somos consientes de las dificultades. Pero de allí a ser dócilmente despojados de nuestro derecho a la dignidad, hay un trecho enorme. Nos merecemos por lo menos una respuesta y en este momento de incertidumbre el gobierno debe tener en cuenta que para 600.000 pasivos, Uruguay no es una fiesta. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad