Aborto: un paso hacia la sensatez

Más de una vez hemos sostenido desde estas páginas que una de las asignaturas pendientes era el tratamiento, en un debate profundo, del tema de la despenalización del aborto.

Desde la recuperación de la democracia, ha habido varios intentos de despenalizar o legalizar el aborto, que no llegaron a ser analizados en el pleno de las cámaras. El proyecto recientemente aprobado en Diputados es, pues, el primero que tiene tratamiento parlamentario.

Hace demasiados años que la interrupción voluntaria del embarazo fue incriminada e incorporada como figura delictiva en la legislación penal, sin que ello haya significado un freno a tal práctica: la perspectiva de sufrir una pena no operó como desestímulo para la mujer que, por una razón u otra, tomó la decisión de interrumpir su embarazo. Y, por consiguiente, lo que se logró con la incriminación fue la clandestinización de las prácticas abortivas, al tiempo que el número de abortos –y de muertes como consecuencia de las pésimas condiciones en que muchos de ellos se llevan a cabo–, lejos de disminuir, fue incrementándose.

Ante esta realidad, y teniendo en cuenta el hecho de que un altísimo porcentaje de la población no percibe el aborto como una conducta punible (incluso quienes por razones morales o religiosas lo condenan, toleran que otros lo practiquen), parece innegable la pertinencia de impulsar su despenalización, de modo que un hecho doloroso se vea desprovisto de esa aura maldita y sea asumido con responsabilidad y con las máximas garantías sanitarias (quirúrgicas y psicológicas).

Entendemos que el problema está mal planteado cuando se pretende presentarlo como una opción a favor o en contra del aborto. Probablemente nadie en su sano juicio pueda afirmar que está a favor del aborto, ya que en cualquier caso se trata de una decisión extrema que para nadie resulta grata. La institucionalización del divorcio no implicó, en los albores del siglo pasado, que con ello se promoviera la disolución del vínculo conyugal ni significó un estímulo para la crisis de la familia.

Los partidarios de la despenalización del aborto no son homicidas insensibles; de lo que se trata simplemente es de otorgar a cada mujer la posibilidad de decidir sobre una cuestión que incumbe sólo a ella. Estamos seguros de que la sociedad así lo entiende. Esperemos que el Senado interprete el sentir de la mayoría de la sociedad y que no se deje presionar.

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