Nuevos desafíos para los viejos principios

Puede parecer rutinario comenzar esta nota afirmando que el PS llega a sus 92 años de trayectoria ininterrumpida en la vida política del país en circunstancias en que éste atraviesa una de las coyunturas económicas y sociales más complejas de su historia.

Sin embargo, no por parecer rutinario deja de ser verdad: este nuevo aniversario del PS se da en circunstancias decisivas para el país y para el propio partido.

El país no puede seguir como viene. Si algo asegura el continuismo no es ni siquiera un triste «más de lo mismo», sino un frustrante «de lo mismo pero peor». Y el pueblo uruguayo no merece tal frustración.

En política hay dos errores letales: postergar lo inexorable y pedir lo imposible.

Como surge de la línea argumental desarrollada por el compañero Tabaré Vázquez el 09.11.02 ante el Plenario Nacional del Frente Amplio y que los socialistas asumimos, la gravedad de la crisis nacional condena cualquier especulación con el «cuanto peor, mejor», por elementales razones de lealtad institucional, responsabilidad política y compromiso con los uruguayos.

Estamos dispuestos a hacer acuerdos con el gobierno sobre la base de nuestra identidad y planteando un cambio de orientación que atienda la urgencia social y la reactivación económico/productiva del país. Acordar no es extender cheques en blanco, sino apostar a que la oposición social y política pueda contribuir decisivamente a un cambio de rumbo para mejorar ahora la situación nacional.

La prolongación de una situación de desestabilización e incertidumbre no le hace bien al país porque sin confianza no hay reactivación económica posible y porque la patria no es una abstracción ni un recurso retórico, sino que es la gente. Y en Uruguay hay mucha gente cuyas urgencias, que en muchos casos son derechos elementales, no pueden seguir postergándose.

Además, porque el avance de la izquierda está vinculado a la estabilidad del país. La historia y la psicología social demuestran que en un contexto de caos y crisis las favorecidas son las opciones conservadoras y no las de cambio.

Involucrarnos en el diseño de soluciones a los problemas del Uruguay y de los uruguayos, por ejemplo la de los bancos suspendidos evitando su liquidación y apuntando al diseño de un sistema financiero al servicio del país, es imprescindible. Cualquier salida que no tenga nuestra participación podrá resolverse en el papel, pero carecerá de la confianza básica e imprescindible a nivel de los agentes económicos que asegure su viabilidad futura.

Imponer soluciones que alivien la situación de dolor, necesidad y penuria de nuestro pueblo requiere movilización ciudadana, y esto significa, para citar otro ejemplo inmediato, culminar exitosamente la campaña de recolección de firmas para evitar la privatización de Ancap y continuar defendiendo el patrimonio nacional en áreas tan sensibles como los recursos hídricos. También es necesario avanzar en el proceso de diálogo y acuerdos con otros actores sociales y políticos que comparten con nosotros la esperanza de un país mejor y la voluntad de transformar la esperanza en realidad. Reconocemos que puede no ser fácil, pero es imprescindible para que el Uruguay encare un proceso de desarrollo que lo consolide como nación integrada a un proyecto regional sobre nuevas bases (decididamente progresista y por lo tanto más humanas).

Los cimientos del gobierno futuro hay que ponerlos desde ahora. Esto requiere sensatez y responsabilidad en el diseño de una alternativa programática.

Pero más allá de la elaboración de un programa, se trata de la gestación y difusión a nivel de la sociedad de un consenso, de un sentido común alternativo al neoliberal. Que la gente sienta con fuerza de convicción que otro país es viable, sólido y sustentable. Como decía Antonio Gramsci, «cuando la pasión deviene comprensión y por lo tanto saber, un nuevo bloque histórico ha nacido…».

¿Y qué puede aportar el partido de los socialistas uruguayos en esa tarea?

En primer lugar, sus valores y principios. Porque más allá del fracaso de ciertas experiencias autoritarias que se autodefinieron como socialistas, y a pesar de las proclamas sobre el choque de civilizaciones y el fin de la historia, el mundo necesita de los valores y principios del socialismo más que nunca antes. Y el Uruguay no es una excepción.

En segundo término, su trayectoria. Una trayectoria que asumimos en su globalidad (con sus luces y sombras, porque el PS es un partido de seres humanos), de la cual nos sentimos orgullosos y en función de la cual estamos comprometidos con el futuro y con el país.

En tercer lugar, su proyecto de país. Los socialistas no pretendemos instaurar una sociedad perfecta ni inmutable, pero sí queremos un Uruguay mejor. Un país integrado, equilibrado, seguro de sí mismo, que encare con confianza su propio futuro como nación. Y ello pasa por la gente, porque el país es su gente. En tal sentido, queremos que los uruguayos no solamente sean iguales ante la ley (lo cual es importante), sino que además sean iguales ante la vida (porque eso es lo fundamental).

En tal sentido, no tenemos reparos en admitirlo: nuestra apuesta es por los más necesitados. Porque un partido socialista que no sea capaz de indignarse ante la injusticia y la desigualdad podrá ser partido, pero no es socialista.

¿Significa ello ignorar la diversidad y el pluralismo del proyecto nacional que promueve el Encuentro Progresista/Frente Amplio? No; más bien todo lo contrario: significa asumir que la sociedad es una trama de intereses, conflictos, tradiciones y esperanzas; significa apostar a la política como elemento articulador de esa trama; significa apostar a la democracia, a la justicia y a la solidaridad.

Y por último lo más importante: su gente. Porque ese es el principal patrimonio de cualquier partido.

Mucho se habla de la «interna socialista». Y generalmente se hace en términos alarmistas, cuando no dramáticos.

No es un drama que en un partido exista diversidad. Por el contrario: la diversidad, debidamente asumida y canalizada respetando la unidad de acción en torno a las decisiones mayoritarias, es un formidable elemento de cohesión y fortaleza. Para ello la clave está en la democracia. Y en materia de democracia nunca está todo hecho, siempre puede y debe hacerse un poco más. Empezando por casa, porque un partido que practica en sí mismo lo que promueve para la sociedad es un partido creíble y confiable. Por eso lo del título. Ante un nuevo aniversario de este viejo pero al mismo tiempo joven PS, sus valores y principios fundacionales son su mejor aporte al futuro del país. *

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