Pescadores artesanales denuncian "pesca industrial depredadora"

La pesca furtiva amenaza directamente el trabajo de los primeros y dañan gravemente, además, las reservas pesqueras rioplatenses.

Chápper reclamó que los ministerios de Ganadería, Agricultura y Pesca y de Defensa, y en particular las dependencias de Recursos Acuáticos y de Prefectura Nacional Naval, tomen cartas en el asunto y fiscalicen y sancionen «a quienes incumplen las normativas vigentes sobre la pesca indiscriminada».

San José, argumenta el representante, «posee una hermosa costa sobre el Río de la Plata» que se extiende por unos 80 kilómetros «y en ella desembocan varios arroyos de buen caudal, que son aprovechados por ese tipo de pescadores depredadores, para fondear sus embarcaciones al abrigo de las inclemencias del tiempo, pero sobre todo con el propósito de calar sus redes de espera». Estas redes superan, en algunos casos, los 1.500 metros de longitud y sus mallas son menores a los siete centímetros. Así, lo que se capturan son peces jóvenes «que aún no han cumplido ni siquiera su primer ciclo reproductivo». A escasa distancia de la costa «es frecuente ver embarcaciones dedicadas a ese tipo de pesca industrial depredadora de los menguados recursos ictícolas que poseemos, que trabajan con redes de arrastre y capturan indiscriminadamente todo tamaño de peces que encuentran a su paso», afirma el diputado.

Lo que sucede en las costas maragatas, particularmente sobre las desembocaduras de los arroyos Pereira y Pavón, atenta contra las reservas pesqueras del país, pero no es novedad. Desde hace años se denuncia la situación y se han comprobado casos, por ejemplo, de camiones que vienen desde Brasil a llevarse lo obtenido en nuestras aguas.

El legislador reclama la instalación en San José de un puesto de vigilancia que permita «combatir este tipo de atentado a nuestros recursos». Señala además, que los pescadores artesanales tienen una historia «de decenas de años de labor» en el departamento. «Su única y exclusiva forma de vida» es esta. Tienen sus permisos de pesca vigentes y embarcaciones matriculadas; «pero, además, están afincados en la zona, son propietarios de tierras y viven y trabajan allí, aportando sus impuestos tanto nacionales como departamentales». Son, también, generadores de puestos de trabajo y venden «sus pequeños excedentes para exportación». *

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