En los últimos 5 años la demanda mundial de orgánicos creció un 100%

Uruguay tiene 250 mil hectáreas destinadas a la producción orgánica

Aunque Uruguay ya exporta carnes, miel y vino orgánico a la Unión Europea (UE), la producción orgánica está fundamentalmente volcada al mercado interno. Las exportaciones se concretan en pequeña escala pero el potencial es grande tanto para el mercado interno como para la exportación. Alberto Gómez, director del Programa de Agroecología del Centro de Estudios de Tecnologías Apropiadas (Ceuta) considera que «Uruguay no se ha decidido a explotar este tipo de producción, que, adaptada a nuestras condiciones sería barata y competitiva».

Gómez considera que si bien es necesaria una ley que regule la actividad, «sólo con eso no alcanza, sino que hay que trabajar en toda la cadena; desde la investigación hasta el apoyo a los productores en asesoramiento técnico, apoyo en desarrollar canales de comercialización y difusión a nivel de consumidores». Todo esto estimularía el crecimiento de la producción lo cual aumentaría las posibilidades de exportación.

El ingeniero agrónomo estima que «si el país se decide apostar a la pequeña escala de calidad, lo orgánico es una de las mejores opciones».

En su edición del 9 de julio LA REPUBLICA informó de las potencialidades de nuestro país en producción orgánica, destacando que las excelentes posibilidades están siendo desaprovechadas debido fundamentalmente a las carencias que destaca Gómez: ausencia de legislación y falta de apoyo a los productores.

La producción orgánica evita el uso de fertilizantes, pesticidas y aditivos producidos sintéticamente para la producción vegetal y la alimentación animal. En los últimos 5 años la demanda mundial de orgánicos creció un 100% y el crecimiento es sostenido.

Uruguay tiene 250.000 hectáreas de producción orgánica certificada y las carnes corresponden al 99% del total.

La colocación de las carnes en Europa es posible por el impulso que le han dado los frigoríficos PUL y Tacuarembó, y por tanto estas empresas tienen una capacidad mayor de cumplimiento de las exigentes normas internacionales que los pequeños productores que producen hortalizas o miel.

Exigencias

Para exportar orgánicos a la Unión Europea (UE), un país o productor debe cumplir con reglas estrictas de producción y certificación. La certificación es el sistema por el cual una entidad legitimada (empresa certificadora) garantiza que la producción es efectivamente orgánica.

En nuestro país existen dos certificadoras autorizadas por el gobierno. Se trata de Urucert –integrada por la Comisión Nacional de Fomento Rural, productores y ONG– y la Sociedad de Consumidores de Productos Biológicos (SCPB) de la Asociación Rural del Uruguay (ARU). Si bien están legitimadas a nivel nacional, no están acreditadas en los mercados internacionales. Mientras la certificación representa un control sobre el proceso de producción y el producto final, la acreditación es un sistema de control de las certificadoras. Alberto Gómez que integra Urucert dijo a LA REPUBLICA que el costo de la acreditación puede alcanzar los U$S 15.000 anuales y el volumen de producción uruguayo todavía no lo justifica.

Gómez explica que el hecho de que las certificadoras uruguayas no estén acreditadas, representa una traba para los productores que deseen exportar puesto que deben recurrir a una certificadora extranjera que cobra más por certificar y no conoce tanto la realidad nacional. Una alternativa a esto es la recertificación: se puede certificar con una certificadora nacional que firme un acuerdo con una internacional, de modo de asegurar la exportación. Igualmente, la misma es posible a pesar de las trabas.

Vacío legal

Daniel Vildozo, miembro del programa de Certificación Social y Ecológica de la agencia de cooperación alemana GTZ, considera que para eliminar esas trabas «Uruguay debería desarrollar un sistema de control de producción orgánica equivalente al de la UE». Dicha equivalencia implica que los productos deben cumplir requerimientos semejantes.

Los países que deseen someter a aprobación un sistema de equivalencia deben postular en una lista e ingresar a la misma puede demandar hasta 2 años.

De todas formas, los países que no figuran en esa lista pueden solicitar el ingreso de su producción orgánica a la UE. Es un proceso en el que se evalúa caso a caso, a diferencia del sistema de equivalencias que admite sin más el ingreso de todos los productos orgánicos provenientes del país cuyo sistema de equivalencia fue aprobado. Como Uruguay no tiene sistema de equivalencia, nuestros productos están ingresando mediante el análisis caso a caso.

Si bien entre todos los actores hay consenso en la necesidad de una ley nacional que regule la producción orgánica, Vildozo advierte que un sistema nacional de control de dicha producción «no es sólo la ley sino que implica acreditación, sistemas de equivalencias, fiscalización y control».

Para entrar a los mercados internacionales, según Vildozo es imprescindible seguir los siguientes pasos: legalizar las normas de producción existentes, diseñar e implementar un sistema de control de la producción orgánica capacitando a los controladores gubernamentales, evaluar el sistema permanentemente y realizar los trámites de equivalencia.

Según Gómez los rubros uruguayos orgánicos más exportables son la carne, los lácteos, la miel, los vinos y los productos textiles. Aunque señaló que hay que tener un mínimo de escala, la producción orgánica requiere menos volumen de exportación que la convencional puesto que vale más la calidad que la cantidad.

Argentina pionera

Argentina es el único país latinoamericano cuyo sistema de equivalencia fue aceptado en la UE y uno de los seis admitidos fuera de la Unión a nivel mundial. Además, los argentinos también lograron entrar al mercado norteamericano.

Entre 1999 y 2000 la superficie destinada a la agricultura orgánica creció en Argentina un 65%. Según la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (Ifoam), América Latina tiene 647.613 hectáreas bajo producción orgánica, de las cuales 380.000 se encuentran en Argentina.

El éxito argentino no es mágico. Se debe en gran medida a la voluntad política de legitimar la producción orgánica y al apoyo oficial con que cuentan los productores. Además, tienen una línea de investigación en producción orgánica lo que, no existe en Uruguay.

Puede decirse que la República Argentina fue una adelantada en legitimar su producción orgánica. En 1992 la UE fijó las pautas de comercialización de estos productos y al año siguiente el país ya tenía su equivalencia aceptada.

Argentina tiene una ley de producción orgánica que fue reglamentada el año pasado. La norma establece el registro de las entidades certificadoras y productores orgánicos así como un sistema de control por parte del Senasa, organismo oficial competente.

Existe además un conjunto de decretos que definen un Programa Nacional de Agricultura Orgánica mediante el cual se promueve su desarrollo, se facilita la producción y comercialización y las fuentes de financiación.

Por su parte, las certificadoras privadas o públicas son estrictamente controladas por el Estado y llevan adelante programas de mejora continua. *

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