La verdadera historia de la reciente devaluación
Una nota publicada en la separata económica del semanario Brecha de Luis Bértola que recoge una excelente investigación de la historia económica del país sobre los vínculos entre crecimiento y equidad nos decía:
«Nunca tuvimos un proceso tan marcado de aumento de la equidad como durante el período, hoy sujeto a parricidio, de Luis Batlle Berres
En dictadura, si bien se logró superar el estancamiento, se generó aumentos fuertes de la desigualdad. Una de las principales funciones del gobierno democrático de Sanguinetti fue la de refrenar, en democracia, las acciones para volver a los niveles de equidad de los 50-60. Al cabo de la recuperación de los 80 y del crecimiento de los 90 nos encontramos con niveles de desigualdad similares a los del auge de la dictadura y un 30% por encima de los de los ’60. En síntesis, hay que tener demasiado desprecio por los hechos para sostener que solamente en condiciones de apertura se puede incrementar la equidad. Más bien, nuestra experiencia de las últimas décadas indica exactamente lo contrario».
Esta investigación, nos permite entonces quebrar los mitos del pensamiento único del vínculo automático entre crecimiento, apertura y redistribución de la riqueza y colocar el tema en sus justos términos, como he insistido en diversas notas y en mi último libro y que el título de la nota de Bértola (que aconsejo leer) resume en: «Crecer y distribuir es una opción política».
Esta introducción tiene como primer objetivo mostrar, con una perspectiva de largo plazo, los costos que los trabajadores y trabajadoras hemos pagado para permitir el aumento de las ganancias de las grandes corporaciones en el marco del modelo LACE entre 1970 y hoy.
La gráfica 1 que utilizo con frecuencia nos permite ver el nuevo nivel de distribución generado por el modelo con sus tres etapas: reducción sustantiva en la dictadura, recuperación leve en el primer gobierno democrático y estancamiento posterior:
En ella se ve claramente la pérdida de la clase trabajadora que estimamos en cuanto a transferencia de recursos en cifras superiores a los 10 mil millones de dólares.
Y ahora vamos al tema que nos convoca en esta nota que surge inevitablemente del análisis introductorio anterior.
Hace tiempo que venimos afirmando que esta crisis (que no es un simple mojón recesivo sino una crisis estructural con transformaciones de fondo en la estructura económica y social) provocará una nueva reducción del nivel de salarios (en otro análisis realizado para el suplemento Bitácora lo hemos desarrollado bajo la forma de una reducción del valor de reproducción de la fuerza de trabajo) que implicará partir en la próxima fase de reactivación económica de un nuevo proceso de concentración de la riqueza.
Está claro que la medida de devaluación recientemente tomada tiene como objetivo justamente ese: profundizar y consolidar la reducción del salario y posibilitar una nueva transferencia de riqueza del trabajo hacia las formas concentradas del capital. Y ello es así pues esta medida reducirá de manera sustancial el salario real como se ve con claridad en la gráfica 2:
Dadas las perspectivas de devaluación e inflación que ya hemos analizado como estimaciones en otra nota anterior en LA REPUBLICA (de 35 a 40% de devaluación hacia fin de año y 20% de inflación anual con salarios congelados), lo que sucederá es que al principio del año 2003 (suponiendo que allí se gestan las condiciones para la recuperación) el punto de partida será un aumento de ingresos en dólares respecto al primero de enero de 2002 de casi 70%, de los precios internos, aprovechado por las empresas que subsisten y en especial las que venden a ambos mercados, de 20% y salarios congelados.
Ese punto de partida significará una transferencia brutal de riqueza de trabajadores al gran capital concentrado, en especial exportadores y tenedores de títulos y depósitos en dólares, que sustentará la mejora de la competitividad de las empresas a costa del salarios de los trabajadores y trabajadoras.
Ese proceso de recuperación, igual que lo fueron las anteriores salidas a crisis y recesiones (como demuestro en mi libro «Crecimiento y Exclusión») significará un aumento del desempleo estructural, es decir que no todos los que perdieron su empleo en esta crisis lo recuperarán y el desempleo promedio para la próxima fase de crecimiento será superior al que había en los 90. Lo estimamos en 12,5%.
La gráfica 3 muestra lo que pasará con el desempleo de 2003 a 2007, comparando y mostrando ese aumento estructural desde la implantación del modelo LACE.
Los puntos de color de la gráfica 3 significan los promedios de personas desempleadas mientras la economía crece. Y ese desempleo que llamamos estructural crece y crecerá de aquí en más.
Y entonces el salario perdido en esta crisis se mantendrá porque el desempleo presionará los salarios a la baja, como es la historia de este sistema.
Claro que todo ello ocurrirá si dejamos que las cosas transcurran.
Si lanzamos una gran movilización popular desde las organizaciones sindicales, sociales, políticas de todo tipo, podremos revertir este proceso e impedir esta brutal rebaja de salarios que nos están disponiendo.
Como impedimos parte de las privatizaciones o parte de la flexibilización laboral o tantas otras cosas.
Seguramente si oponemos a esta estrategia deliberada de bajar salarios y comprimir el mercado interno para asegurar ganancias a los grandes exportadores al los grandes tenedores de dólares y a los acreedores externos, una gran movilización popular, la historia será otra. *
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