El billete verde es la moneda que impera desde hace dos años en la nación andina

Desde Ecuador recomiendan dolarizar Argentina para devolver la confianza

En el Ecuador, afirmó el ministro, «la dolarización (que se estableció desde marzo de 2000) fue un shock de confianza, nadie creía en la banca, en la moneda, en el Banco Central hace aproximadamente dos años y medio atrás».

«Hoy, la gente (de Ecuador) confía en que los futuros gobiernos no podrán volverles a meter la mano en el bolsillo (…)», añadió.

«En el futuro Argentina o regresa a un sistema nuevo de convertibilidad, un tipo de cambio fijo, o va directamente a la dolarización, que creo que sería la forma más eficaz para devolver la confianza a los argentinos», afirmó el ministro en una entrevista difundida en cadena nacional de televisión. Recordó que «Argentina debió, así por ejemplo lo recomendó el ex presidente Menem, dolarizar la economía cuando ya había tenido aproximadamente diez años de convertibilidad».

«No se lo hizo por razones políticas, el actual gobierno argentino (de Eduardo Duhalde) no lo ha hecho por razones políticas», manifestó.

Emanuel indicó que «la confianza a su vez permite asegurar que a futuro la situación económica ecuatoriana, producto de un sistema financiero mucho más solvente, más líquido, va a ser más positiva».

El economista ecuatoriano negó también que se pueda señalar que la situación actual de Argentina es un reflejo de lo que podría pasar en su país.

«La comparación Ecuador con Argentina es errónea» señaló Emanuel quien dijo que ese paralelo sólo es probable si se hace el «análisis un poco superficial de las cosas».

«La situación económica en Argentina es un caos, la situación financiera definitivamente es inédita» indicó el ministro quien enfatizó que «la convertibilidad que hubo en Argentina no tiene nada que ver con la dolarización que se implantó en Ecuador».

El «corralito»

Si bien en Argentina se piensa levantar el «corralito», ayer el diario Clarín indicó que «a pesar del optimismo, al gobierno le preocupan las objeciones que pueda hacer el FMI al plan Lavagna para desmontar el corralito».

Para La Nación, «Duhalde puede haber quedado expuesto a una posible derrota política de consecuencias imprevisibles: anunció que el acuerdo con el FMI llegará apenas logre aprobar dos leyes y firmar los pactos bilaterales de ajuste fiscal con las provincias, pero todo parece indicar que no será así».

«Esos prerrequisitos servirán sólo para comenzar las negociaciones con el organismo internacional, pero el acuerdo traerá aparejadas otras condiciones que producirán fuertes tensiones internas y externas», según el matutino.

El jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el centroizquierdista Aníbal Ibarra, evaluó este domingo en un reportaje de Página/12 que un acuerdo con el FMI «no es la única opción, pero en todo caso si se consideraba necesario llegar a un acuerdo acá se hizo todo mal».

«Es importante la inserción en el mundo, pero esto más que inserción es sometimiento a todas y cada una de las condiciones que impongan», estimó Ibarra.

Argentina espera que el FMI destrabe créditos por 9.500 millones de dólares, suspendidos después de que el país se declaró en cesación de pagos (default) en diciembre pasado.

Hace seis meses, el 2 de diciembre, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo lanzaba el «corralito» para frenar el drenaje de dinero que ponía a los bancos al borde de la iliquidez, previsto en principio «por 90 días».

Desde entonces, el congelamiento de depósitos se convirtió en una trampa de la que no logran salir los sucesivos gobiernos y que aumenta cada día el malhumor de ahorristas que quieren recuperar su dinero.

Ahora, el gobierno lanzó un nuevo plan de bonos «voluntarios» que deberá ser aprobado por el Congreso, y su elaboración motivó públicas diferencias entre Lavagna y el titular del Banco Central (BCRA, autoridad monetaria autónoma), Mario Blejer, un hombre muy cercano al FMI, cuya renuncia fue frenada por Duhalde semanas atrás.

Para el ex secretario de Hacienda, Eduardo Curia, «es un engaño» decir que con el nuevo plan de bonos se sale definitivamente del corralito.

El proyecto «tiene algunos rasgos de inconsistencia muy grande», sentenció a su vez el economista de la opositora Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Claudio Lozano.

Ambos coincidieron en que por esa vía «es difícil» la reactivación en un país castigado por cuatro años de recesión y con 25% de su fuerza laboral desocupada. *

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