¿Es cierto que aumentó la confianza?

El mercado especula con todo

Jorge Jauri

 

Luego que el director gerente del Fondo, Horst Koheler, anunciara que el Directorio de la institución acordaría en su próxima reunión el aumento del stand by «en el contexto de las medidas que están implementando para proteger al sistema bancario del país…», los precios de la deuda externa volvieron a los niveles de tres semanas atrás y los retiros netos de los ahorristas también se situaron en los niveles previos al recordado discurso del presidente Batlle el domingo 12 de mayo.

Ni el dictamen de Fitch Ibca, ni el fracaso de la reunión de los líderes, ni el conocimiento de la caída de la recaudación de la DGI informado al término de la semana fueron razones suficientes para diluir el mejor clima aparente que se advirtió desde que se conocieran los anuncios. Para algunos, la aprobación del proyecto de Ley de estabilización en Diputados contribuyó a esa línea. Con la coordinación o el aval de la Presidencia de la República, los bancos «buenos» y los bancos en posiciones «non sanctas» creyeron conveniente utilizar la oportunidad para publicar un aviso realmente extraño dada la situación y la diferenciación que tiene esa corporación en la actualidad.

Lo que vendrá (?)

Empero, lo real es que al menos por unos días o semanas, Uruguay se separó unos centímetros del abismo al cual se había aproximado en la semana finalizada el viernes 24.

Entre junio y marzo del año próximo el país dispone de un saldo condicionado en cuenta corriente con el FMI del orden de los 2.250 millones de dólares, a los cuales se le agregarán unos 800 millones del BM y el BID. El ministro Bensión y el presidente Batlle han vuelto a dejar librado a los modestos recursos de los analistas y comunicadores la responsabilidad de imaginar en qué se gastarán específicamente estos recursos que, vale recordarlo, tienen un costo ponderado no menor al cuatro por ciento anual, pero que principalmente son muy costosos porque alejan al país y sus empresas del acceso al crédito privado y la inversión de riesgo. No quiere decir esto que lo logrado no haya sido decisivo para separar al país de contingencias muy dramáticas. Sólo implica recordar que esos tres mil millones de dólares equivalen al veinte por ciento del nuevo PBI del país y, sobre todo, que ahora esa suma supera en casi un cincuenta por ciento el monto total de lo que el país está pudiendo vender en un año entero.

La especulación de la razón

Estas consideraciones no son ajenas a las que se formula el FMI. La liberación de los montos del nuevo stand by será trimestral y estará sujeta a la evaluación trimestral de un plan de ajuste y reestructura para el cual, en este momento, el gobierno –acepción amplia– no tiene fuerza ni demasiada convicción de realizar. Si el contador Bensión no fuera ministro estaría informando esta percepción elemental desde sus columnas semanales. Ahora no tiene otras posibilidades que suponer que los doctores Batlle y Lacalle lograrán encolumnar la coalición y algo más detrás de un plan que no admite concesiones ni renuncias. Ese plan pasa por un proyecto de Rendición de Cuentas que tendrá características revolucionarias que no se compadece en absoluto con el estado de ánimo y comprensión de la gente ni tampoco de la enorme mayoría de los parlamentarios. El ajuste será de tal naturaleza que, sumado a los efectos de la Ley votada el martes y a la política monetaria vigente, ha de generar un impacto demasiado brusco para que sea digerible en los estadios políticos actuales. El gobierno no ignora esto y lo peor es que tampoco desconoce que este tipo de operaciones no tienen éxito si los mecanismos democráticos no se extreman al límite para no arriesgar derrotas que en riscos por los cuales andamos nos regresarían de inmediato al borde del abismo.

Hay un capítulo muy pobre de fundamentación y explicación de las nuevas operaciones que se emprenderán; hay otro, el de las garantías, aún más escaso frente a la dimensión de la transformación requerida. El doctor Batlle ha considerado que puede quemar en ese frente a un profesional como el doctor Ramela, quizás el único hombre del gobierno que ha acumulado créditos de confianza en este período.

En definitiva, el gobierno ha logrado activar los créditos de confianza que ha acumulado el país en los organismos multilaterales. Empero, tal como señala con precisión extrema el último dictamen de Fitch, lo que sigue sin lograr el gobierno es recomponer la confianza interna.

Eso no se resuelve con nuevos créditos ni con unos cientos de millones de dólares para compensación social. Y esto no desdice la conducta especulativa de quienes compraron bonos esta semana especulando con que cualquier buena noticia generaría ganancias suculentas. Sobre todo si esos bonos se venden antes que se agite cualquier brisa nueva. *

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