El eslabón frágil
Jorge Jauri
Ese riesgo está resultando difícil de sobrellevar, en particular, para el sistema financiero nacional; el sistema que usufructuó la bonanza de la estabilización argentina y que fue incapaz de utilizar esa bonanza para procesar sus reformas. Ahora todo son problemas en el sistema financiero. Los bancos han comprobado que no se puede abrir una caja negra y vivir de ella levantando cuanta barrera a la entrada y a la salida se pueda. Ahora, el Banco Central ha comprendido que no se puede fiscalizar a los banqueros confiando en la sacrosanta autorregulación como precepto básico de una red infernal de holdings, IFE, SAFI, bancos y banquitos, administradores de fondos y fondos de todo tipo, maleteros, decenas de emisores de plástico, etcétera.
La cantidad, lejos de generar madurez del sistema, ha creado una telaraña bancaria desde la cual los especialistas en especular con las fallas del sistema siempre andan más rápido que la norma y sus fiscales.
Nelson Noya se ha cansado de intentar explicar que en el sistema financiero reside una de las fuentes principales de ese famoso «costo Uruguay» que afecta la competitividad del país. Noya no se refiere sólo a los costos financieros de la producción sino a la ausencia de una estructura sólida y profesional de financiamiento que incluya un mercado de capitales y derivados.
Ahora ya todo es más difícil. El Banco Comercial y el Banco Galicia, las dos instituciones que reúnen el treinta por ciento de los depósitos y créditos del sistema privado, presentan serios problemas de liquidez, mientras que al menos dos instituciones más están siendo seriamente afectadas por la ola de desconfianza.
El Banco de la República se encamina a presentar balances negativos y el Banco Hipotecario no atina a definir su misión mientras pierde centenares de miles de dólares todos los días. El sistema previsional propio del sistema ha comenzado a quemar sus reservas sin atinar a conciliar con el gobierno un principio de solución que despeje el riesgo de fractura. El sistema se ha dejado atrapar en el riesgo y la población comienza a temer que se le pida una nueva contribución para mantener la falacia de seguridad y reserva total.
Garantías cuestionadas
Pero, además del riesgo argentino, la perspectiva de un nuevo año con caída del producto comienza a recrear el riesgo de las carteras de crédito con garantías mal evaluadas. El uruguayo es un sistema esencialmente basado en la garantías reales del crédito. Es un sistema de escasa profesionalidad en el análisis del riesgo proyecto y la generación de coberturas técnicamente suficientes de repago. Es, en tanto, un sistema muy vulnerable a la evolución de la tenencia y el valor de los activos que operan como garantías del crédito interno.
El Banco Central no se ha caracterizado por fiscalizar la calidad y valor de esas garantías. Además de otros, esa debilidad es la que realmente está explicando por qué el sistema acepta sin mucha resistencia cuanto proyecto de suspensión o dilación de ejecución de garantías presentan regularmente los sensibles legisladores nacionales.
Sólo que ahora, cuando el BCU comienza a fiscalizar más de cerca esas garantías, el sinceramiento del riesgo agrega costos que se suman al ya elevado costo global del sistema. Hay bancos que entendieron a tiempo que en estas condiciones la sana competencia era imposible. Esas instituciones previeron que las rigideces del sistema irían generando crisis tras crisis. Esas instituciones fueron dejando la plaza.
Precisamente, una de las últimas en retirarse, el ING Bank, fue parcialmente absorbida por el Banco Comercial.
El feriado de Carnaval le ha venido bien al sistema y a las arcas del BCU. El próximo miércoles los uruguayos sabrán si los socios y dueños de las dos instituciones con problemas de liquidez han aceptado o podido obtener los montos necesarios para trabajar sin asistencia oficial. Esa será la señal más clara de cuál es el interés real que tiene la plaza uruguaya para instituciones financieras de primer nivel.
En unos días sabremos también si el BCU provee las garantías suficientes para que no siga pesando sobre la empobrecida economía uruguaya el riesgo de tener que costear la estabilización del sistema. *
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