Economistas rechazan el planteo de la dolarización de la economía
El martes el economista Gustavo Licandro sostuvo que «con la desaparición del peso uruguayo, desaparecerá el riesgo inflacionario», y que el tema debería ser discutido en Uruguay. Explicó que el nivel de dolarización de la economía uruguaya alcanza al 90%.
En diálogo con LA REPUBLICA, Fernando Lorenzo, entendió inconveniente la dolarización de la economía uruguaya y dijo que «esta situación dista mucho de una solución necesaria para los problemas». «No creo en soluciones divinas. En este caso, la dolarización no contribuye a nada y especialmente acentúa el mecanismo de ajuste en Uruguay».
El economista del Cinve (Centro de Investigación Económica) dijo que el último país que dolarizó su economía fue Ecuador y aún no tiene sus problemas solucionados. No obstante, indicó que los ecuatorianos tienen un riesgo país muy alto, que se encuentra solamente por debajo de Argentina y Nigeria.
En tanto, Daniel Olesker dijo a LA REPUBLICA que si bien la economía uruguaya está dolarizada de hecho, una dolarización de derecho no permitiría implementar medidas para la reactivación de la economía. En ese sentido, prefirió la autonomía del peso uruguayo y más que la dolarización, abogó por una moneda regional en el largo plazo.
Endeudamiento límite
Olesker dijo que las expresiones de Licandro en referencia a la situación límite que el país atraviesa en relación al endeudamiento son correctas».
Agregó que habría que corregir el funcionamiento del Estado y algunos rangos de salarios. En esa dirección, Olesker planteó recortes en gastos excesivos como consultorías y contratos de obras y sostuvo que la congelación de salarios (idea planteada por Licandro para los funcionarios públicos) sería conveniente sólo en las remuneraciones superiores a $40 mil.
Como forma de reactivar la economía, Olesker dijo que la recaudación aumentaría si el gobierno otorga aumentos de partidas fijas a los salarios públicos más bajos.
Por ejemplo, un incremento salarial de $1.000 a los funcionarios que reciben hasta cinco salarios mínimos y $ 500 para el rango ubicado entre cinco y ocho salarios mínimos. «De esta manera las familias destinarían el aumentos de ingresos íntegramente al consumo y ello generaría una mejora de la recaudación».
El economista sugirió cambios en la estructura tributaria con la inclusión de impuestos a la banca y a las grandes cadenas de supermercados, para reducir el abultado déficit fiscal. *
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