El mercado desconfía del Presidente
Entrelineas, en los últimos días se puede leer la preocupación de los técnicos del FMI que monitorean la perspectiva de la economía uruguaya desde el casi exclusivo ángulo de los desequilibrios fiscales. La realidad es que los déficit operativos del estado uruguayo están creciendo mientras el gobierno no acierta a proponerse, al menos, una armonización de su discurso y su práctica respecto al desequilibrio de sus cuentas.
Más allá de otras razones de incertidumbre, inversores y consumidores conforman su conducta no sólo ni preferentemente ya del crédito o dinero que dispongan. Lo hacen en función de su desconfianza creciente. Y ahora, ella apunta directamente a la institución presidencial.
El Presidente no ha sido elegido para contribuir a un cambio cultural con todo lo necesario y básico que él puede ser. Hay una función ejecutiva que el doctor Batlle parece haber abandonado.
El Presidente parece aceptar que tareas esenciales vinculadas al cumplimiento de sus responsabilidad básica, las que surgen además de propio discurso, no están al alcance de la coalición. En cuyo seno, paradójicamente, el doctor Batlle se pertrecha cada vez más.
El «mercado» entiende que el doctor Batlle no cree realmente en la independencia y la fuerza ejecutiva que tiene la propia institución presidencial en una situación de emergencia como la actual. Para el mercado Batlle aparece como un miembro más de una coalición que se apresta a librar un combate histórico con la izquierda. Así decodifican las señales de un Presidente que vive en una coalición cuya práctica cotidiana obstaculiza más que la propia izquierda el avance de las reformas principales. ¿Para qué entonces el doctor Batlle, debe atarse de pies y manos a una coalición que lo obliga, entre otras cosas, a mantener el aislamiento de la izquierda tan vital para este proceso?
Integridad, eficiencia, legitimidad
Hay innúmeros ejemplos para intentar que los lectores entiendan esta visión de la actual coyuntura desde la perspectiva de los que tienen que invertir y gastar, dar trabajo, generar oportunidades; el de la reforma de la Dirección General Impositiva quizás sea el más apropiado.
Del Presidente surgió la convocatoria urgente para la elaboración de un proyecto que, luego de varias modificaciones y «correcciones» políticas, ha llegado al Legislativo. Esta digestión previa ha afectado la iniciativa reformista en la integridad de su diseño técnico. En síntesis el proyecto tendía a resolver integridad, eficiencia y participación ciudadana directa en el control de la DGI.
Ahora, las presiones corporativas se han concentrado sobre la representación parlamentaria de la coalición y de la izquierda.
Los legisladores son más influenciables por esas corporaciones que por sus propios electores finales.
De tal manera los objetivos nacionales de la reforma irán acotándose y parcializándose en extremos inadmisibles.
Si este es el resultado iniciaremos el tercer año de gobierno del doctor Batlle con una DGI que será sometida a un calafateo en el cual se irán procesando mejoras que serán rápidamente absorbidas y manejadas por los mismos que la han llevado al actual umbral del caos. Entonces, aquellos atributos elementales de una moderna oficina fiscalizadora y recaudadora de impuestos habrán desaparecido.
No habrá legitimidad social para sus funcionarios, no habrá fiscalización social directa de su gestión, no habrá eficiencia. No habrá reforma ni justicia tributaria manejable en ese caos.
Pero por sobre todas las cosas, los uruguayos nos habremos perdido una oportunidad divina de experimentar un revolucionario cambio en las formas de administración de la cosa pública con control y participación social directa.
Como otras tantas asignaturas pendientes principales, esta reforma deberá ser intentada en el marco de otra administración.
Que a la vez tendrá problemas similares o peores que los que tiene el doctor Batlle para avanzar ahora.
En lo inmediato, además, los uruguayos seguirán especulando sobre la incapacidad y la creciente ilegitimidad de la DGI para cobrarle impuestos. Pero, por sobre todas las cosas, el Presidente seguirá soslayando la existencia de oportunidades que, quizás, pudieran generar fuertes impactos sobre la confianza del mercado.
Alguna de ellas están directamente vinculadas con la posibilidad de organizar desde la Presidencia tantas coaliciones como sean necesarias y ejecutar con ellas las reformas necesarias. *
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