Nuestro paÃs se encuentra en una incómoda posición en lo que respecta a competitividad según el BID, ya que integra un grupo de 10 paÃses del continente con la calificación “deficiente”.
Los tres grupos de factores que se tuvieron en cuenta para este estudio y que determinan el nivel de competitividad fueron: la calidad del ambiente macroeconómico, la calidad de las instituciones públicas y la capacidad tecnológica.
En cada una de estas áreas se construyen Ãndices con base en una mezcla de información objetiva e indicadores de opinión de los empresarios (unos 100 empresarios por paÃs).
Pero la encuesta no solamente deja mal parado a nuestro paÃs sino también deja en claro que América Latina ocupa el quinto lugar entre las siete grandes regiones del mundo en materia de competitividad, superando sólo ligeramente a los paÃses pobres de Asia y al reducido grupo de paÃses africanos incluidos en el trabajo.
Entre los 75 paÃses encuestados, los paÃses latinoamericanos quedan en posiciones intermedias o bajas y solamente Chile, Costa Rica y Trinidad Tobago, ocupan posiciones aceptables, 27, 35 y 38 respectivamente, mientras que siete de las 11 últimas posiciones mundiales son ocupadas por paÃses latinoamericanos.
El informe afirma que “una economÃa es más competitiva cuando el ambiente de funcionamiento de las empresas es conducente al crecimiento sostenido de la productividad y de los niveles de ingreso per cápita. La búsqueda de la competitividad en una economÃa global obliga a los paÃses a crear mejores condiciones para el desarrollo de las empresas que las que corresponderÃan a sus propios niveles de ingreso”.
Nuestro paÃs ocupa el puesto 46 y la calificación para dicha posición es “deficiente” compartiendo este juicio con Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Venezuela.
En cuanto al Indice de entorno macroeconómico, lo nuestro también está catalogado como “deficiente”; otro tanto se merece el comportamiento del paÃs en el Indice Tecnológico mientras que en el Indice de Instituciones Pública salvamos el honor con un “Normal”.
En cuanto al primer indice, se tiene en cuenta los indicadores objetivos de estabilidad de precios, el costo del financiamiento interno y externo, las tendencias del tipo de cambio real, las tasas de ahorro y niveles de gasto público, junto con opiniones sobre perspectivas de recesión y sobre facilidad de acceso al crédito.
El informe señala que “ocho paÃses presentan ambientes macro muy adversos a la competitividad” entre los que se encuentra Uruguay.
En materia de instituciones públicas, el Ãndice sintetiza la opinión de los empresarios sobre el imperio de la ley y control de la corrupción. Las posiciones más destacadas en calidad del ambiente institucional en América Latina las ocupan Chile en el número 21, Uruguay en el 31, Trinidad y Tobago en el 36 y Costa Rica en el 37.
Los demás paÃses se encuentran en posiciones por debajo del promedio mundial, muchas de ellas entre las peores del mundo.
La calidad del ambiente para el progreso tecnológico y la innovación, ocupa un lugar prominente de los estudios e indicadores del estudio y combina tres subÃndices que intentan medir la calidad del ambiente para la innovación, la capacidad de recibir tecnologÃa internacional y exportar bienes con contenido tecnológico, y el grado de asimilación de las nuevas tecnologÃas de información y comunicaciones. Los tres subÃndices combinan información objetiva y opiniones de los empresarios.
En el Indice de tecnologÃa Uruguay ocupa el puesto 45 después de Costa Rica (32), México (36), Chile (42), Jamaica (43) y República Dominicana (44).
Como sÃntesis se puede decir que los paÃses latinoamericanos tienen deficiencias serias en áreas crÃticas de la competitividad, como son la calidad del ambiente macroeconómico, la calidad de las instituciones públicas y la capacidad de asimilar y generar cambios tecnológicos.
Continuamente se escucha afirmar el peso del costo laboral y su influencia en los costos de una empresa, y la necesidad de reducir, de flexibilizar, etc, etc, y no falta quienes acentúen el peso especÃfico del costo laboral.
Sin embargo, el informe del BID señala especÃficamente que “ningún sector productivo puede pretender que su competitividad se base en reducir el bienestar de sus trabajadores, incluso en los sectores más intensivos en mano de obra, la posibilidad de competir y expandirse depende no del salario de los trabajadores, sino de los costos laborales unitarios, es decir, de la combinación del costo efectivo por trabajador y la productividad del trabajo”. *
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