"Cuando un desocupado vuelve al mercadolaboral, lo hace en peores condiciones"
El documento fue alaborado por Marisa Bucheli y Magdalena Furtado, ambas consultoras de la Ofician de Cepal en Montevideo y se realizó en el marco de un convenio de cooperación técnica entre este organismo de Naciones Unidas y el gobierno uruguayo.
En su informe Bucheli y Furtado señalan que los promedios de la desocupación han aumentado en los últimos años.
Si se analiza la década de los 90, el promedio entre 1988 y 1994 se situó en 8,5%, mientras que entre 1995 y 1999 fue de 11%.
Este crecimiento tiene lugar en un contexto de mayor incidencia de los despidos, las suspensiones del trabajo y los cierres de establecimientos, lo que a juicio de las especialistas es «un proceso indicativo de cambios en la demanda de trabajo».
Otro aspecto analizado es qué pasa cuando se tiene un trabajo, se pierde y se sale a la búsqueda de otro.
«Diversas manifestaciones públicas sugieren la existencia de un temor a que la pérdida del empleo conlleve a una reinserción en un puesto de peor calidad, entendida esta como un empeoramiento en uno o más aspectos, como por ejemplo la remuneración por hora, la estabilidad, la cobertura de los aspectos legales o la carga horaria», señala el informe.
Pero estos temores no parecen infundados. Bucheli y Furtado indican que algunos comportamientos sugieren que los desocupados reincorporados al trabajo tienen un grado relativamente alto de insatisfacción con el puesto encontrado y la incidencia de búsqueda de otro empleo (para complementar el trabajo actual o sustituirlo) es mayor entre los trabajadores que atravesaron por un período reciente de desempleo que entre aquellos que no lo hicieron.
Los «cuentapropistas»
Los motivos por los cuales los trabajadores desplazados sufren prolongados procesos de búsqueda y pérdidas de ingresos se debe básicamente a tres motivos. El primero de estos es la dificultad para reinsertarse como asalariado, por lo cual un grupo de trabajadores recurre al cuentapropismo, actividad en que la remuneración por hora es menor.
En un segundo lugar se detectó que entre quienes se reinsertan como asalariados, se suele observar una reducción en el número de horas trabajadas con respecto a la carga horaria que tenían en el empleo anterior, lo que afecta el ingreso de los trabajadores.
En un tercer lugar el estudio señala que incluso quienes trabajan a tiempo completo sufren una disminución del salario por hora en comparación con su puesto previo, pérdida que denota cierta persistencia en el tiempo.
Las edades
El análisis publicado por Cepal puso énfasis en la situación laboral de los hombres entre 23 y 59 años.
Se sostiene que la pérdida de salario, cuando un desocupado retoma la actividad laboral, está enmarcado en diferentes problemas.
Uno de ellos es que las pérdidas son mayores cuanto mayor es la antiguedad del trabajador en el puesto anterior. La brecha salarial entre quienes atravesaron por el desempleo y el resto de los trabajadores crece con la antigüedad y esto no es sorprendente si se toma en cuenta que las primas por antigüedad se pierden con el puesto de trabajo y no son trasladables al empleo siguiente.
También influye si se es o no jefe de hogar. Los jefes de hogar desocupados tienden a dedicar un tiempo menos prolongado a la búsqueda de un nuevo puesto y como consecuencia a aceptar mayores magnitudes de pérdidas salariales.
La pérdida salarial tras el desempleo y la vuelta a la actividad se profundizó después de 1995, estimándose que aquellos asalariados privados que pasaron por el desempleo entre 1997 y 1999, cuando volvieron a trabajar perciban salarios menores que el resto de los trabajadores.
Los 90
A lo largo de los años 90, según Marisa Bucheli y Magdalena Furtado, las reincoporaciones al trabajo se dirigen fundamentalmente hacia el sector de asalariados privados, categoría que absorbió al 75% (promedio para la década de los 90) de los desocupados reincorporados.
El cuentapropismo sin local se presenta como la segunda alternativa de reinserción (14%) y se intensifica a partir de 1995, alcanzando en 1997 al 17%.
Como conclusiones sobre este fenómeno social se indica que para un desocupado que no consigue empleo el ser trabajador independiente sin local, parece ser la salida más rápida, ya que el tener un local o convertirse en patrón requiere un capital. Otro punto analizado es el grado de insatisfacción con el trabajo en el cual se desempeña la persona. Es interesante observar como los desconformes mayoritariamente (dos a uno) son los que habían estado desocupados anteriormente.
La principal motivación para buscar un nuevo trabajo es obtener mayores ingresos.*
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