Análisis Nacional - Ante los nuevos apremios

El gobierno jerarquiza otra estrategia

Por Jorge Jauri

 

En términos de reactivación, Uruguay puede esperar cada vez menos de la región. La relativa estabilización argentina ayuda, pero de allí no provendrá ningún shock de demanda. De Brasil menos; allí seguirá cayendo la demanda real –vía aumento de la tasa de interés– en procura de mantener equilibrios en los cuales puedan seguir mejorando la competitividad de las exportaciones norteñas. En la interna, cada vez más se esfuman las posibilidades de una recuperación del nivel de actividad basado en la ganancia de confianza de los consumidores.

En ultramar, al país le está costando una enormidad recuperar y mantener mercados tradicionales. Sería tonto adjudicarle sólo a la aftosa los nuevos desequilibrios de la cuenta comercial. La disminución de la admisión temporaria de exportaciones indica mucho más en este sentido.

Las urgencias recreadas

Si no hay cambios de cierto impacto en el nivel de actividad, las cosas se irán complicando progresivamente. Porque no es posible elaborar la salida a la crisis en un marco de confrontación extendida, desde en un barco del cual todos parecen querer bajarse con mínimas dignidades.

El sistema no va a soportar la presión del desempleo y el mal humor por mucho tiempo más.

Las cuentas fiscales de mayo son elocuentes. Ante ellas, no es posible coincidir en que el gobierno sólo flota esperando que una más que dudosa mejora de la coyuntura, podría comenzar a mejorar las cosas. ¿Alguien piensa que los encargados de la programación y la administración presupuestal creen que los resultados de mayo pudieran reiterarse dos o tres meses más? ¿O que aceptan que es posible mantener los déficit si, además, desde mayo la tendencia de aumento del desequilibrio entre lo que ingresa y egresa es cada vez más notoria? El gobierno se ha quedado sin margen de acción frente a la crisis. Y ello es aceptado en el equipo más íntimo de la presidencia.

En tanto, el gobierno va a cambiar rápidamente su estilo de acción. Y lo va a hacer en la dirección preanunciada de política.

La variante consistirá en que la aceleración de las reformas y el éxito de sus acciones en cadena más que intentar remover las trabas que atenazan la economía, lo que pretenderá sobre todas las cosas, será imponer la idea de movimiento, reconquistar la confianza sobre la base del éxito de sus acciones. En tanto no insistirá en acelerar las grandes reformas del sector público en esa estrategia «caso a caso» tan compleja de afrontar política y culturalmente. Y no lo hará entre otras cosas porque Batlle no está dispuesto a profundizar la ya delicada confrontación con sus socios más próximos.

En cambio, el presidente colocará sus créditos principales en la organización del traslado al dominio de gestión pública a privada de cuanta obra y servicio de infraestructura sea posible. El listado de posibilidades es extremadamente amplio: todos los puertos del litoral, Punta del Este, construcción, mantenimiento y gestión sobre vías férreas y carreteras, diversos servicios de comunicación, construcción y gestión de aeropuertos, provisión y transporte de energía, etcétera.

En eso está el gobierno y hace bien. La concesión de obra pública y la cesión de su gestión puede asimilarse al concepto de privatización.

Pero no lo es. Y en términos prácticos es el único camino a la vista para fracturar ese equilibrio vicioso en el cual el país está revelando su tendencia antropófaga.

Esta solución de coyuntura con conexión de alteraciones estructurales no debería, sin embargo, eliminar la sana tensión del cambio que existe en el resto de los ámbitos donde existe propiedad y gestión estatal. Pero lo primero es lo primero. Y la prioridad de la información y, quizás, del debate, va a concentrarse sobre cómo el Ejecutivo desarrollará ese programa aún incipiente de megaconcesión.

Interrogantes básicas

En el umbral de ese desencadenamiento, presumiblemente muy dinámico, de acciones existen algunas interrogantes principales que habrá que atender.

Dejemos planteadas algunas de ellas:

* ¿Esa megaconcesión está siendo diseñada de acuerdo a una estrategia nacional de articulación en el mundo?

* ¿Los pliegos procurarán satisfacer objetivos secundarios, tipo reactivación del mercado nacional de capitales?

* ¿Cómo proveerá el Ejecutivo la transparencia plena de estos procesos?

* ¿El Ejecutivo tiene recursos técnicos en el país para diseñar y regular estas concesiones? Y en caso contrario, ¿está dispuesto a importar know how y capacidad de regulación, aun a riesgo de abrir nuevos frentes de confrontación interna?

* ¿Podrá el sistema político operar como una bisagra útil entre esa nueva dinámica y la gente, o procurará utilizar los nuevos escenarios para dilucidar confrontaciones menores? *

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