Por mal aplicación de inyectables ganadería pierde U$S 1,5 millones
Cualquier absceso, por más pequeño que sea, es retirado en la industria; algunos, se detectan fácilmente y se separan en la línea de faena, antes de la segunda balanza; otros, quedan a la vista recién en la mesa de despostada. En ambos casos, representan un importante costo oculto para ganaderos e industria», explicó Juan Manuel Leites, gerente de Haciendas de Tacuarembó/Marfrig.
En ese sentido, la Segunda Auditoría de Calidad de Carnes del Uruguay indica que los prejuicios causados por inyectables bajaron el 12%, entre 2003 y 2008, pero aún representan U$S 0,69 por cabeza. Así, considerando una faena de 2,2 millones de bovinos, la cadena cárnica deja de ganar U$S 1,53 millones, según destaca un artículo publicado en «El Periódico Ganadero» de Marfrig.
«La solución es simple: hay que aplicarlos en la tabla del cuello y no donde se alojan los cortes valiosos del animal. Si se administran en el cuarto trasero, provocan secuelas en el cuadril, la picaña o tapa de cuadril y el bife angosto. A su vez, si se dan en la parte delantera, a la altura de la cruz, por detrás de la paleta y la tapa del bife ancho», indicó el gerente, de profesión veterinario.
La consecuencia más grave, es que los productos afectados deben ser redestinados a mercados secundarios, desde el punto de vista comercial. «Uno de los cortes que presenta mayores problemas es la picaña, un verdadero clásico de la parrilla brasilera, que también se exporta a Europa. Hay que tener en cuenta que pesa entre 1,5 y 1,7 kg, y si tiene un absceso, en el mejor de los casos, se debe retirar parte del músculo perdiéndose del 30 al 40% del total, lo que obliga a enviarlo a otras plazas, que pagan muchísimo menos. Además, hay mayores costos de mano de obra y tiempo operativo», precisó.
Al momento de detectarse un corte dañado, el sistema de trazabilidad de Tacuarembó/Marfrig permite saber, de inmediato, de qué tropa y campo proviene. «Por lo pronto, nos comunicamos con el productor para explicarle la situación de modo que, en adelante, implemente la solución. En esto no hay secretos: hay que aplicar los inyectables como corresponde», aseveró Leites.
En el campo
«Los 21 funcionarios que trabajan en nuestros establecimientos están entrenados para manejar productos medicinales y saben cómo aplicar inyectables», dijo a Marfrig Campo Luis Felipe Cunha, veterinario de la Sociedad Agropecuaria Santa Rita, ubicada en Cerro Largo, y responsable de la sanidad de los 14 mil bovinos de la firma.
Las estancias, dedicadas al ciclo completo, cuentan con un protocolo de calidad total que incluye un estricto manejo sanitario. «El documento establece cómo se debe realizar la vacunación, de qué manera se procede en las pariciones y la forma de trabajar con la vaca con cría, entre otros aspectos. Todo está escrito», precisó.
Cunha enseña a capataces, peones especializados y peones comunes; todos reciben una capacitación anual teórica y práctica, en el propio campo. «Los capataces tienen acceso al protocolo, así saben, por ejemplo, en qué meses se va a dar tal o cual medicamento. A partir de peón especializado, si cuentan con un nivel de educación mínimo, pueden suministrar productos veterinarios a los animales; los peones comunes lo hacen sólo en situaciones de emergencia, ya que aún están aprendiendo», detalló.
En Santa Rita, la metodología de trabajo es precisa. «Empezamos apartando los ganados con antelación, para dejarlos descansar previamente a la práctica, respetando todas las normas de bienestar animal. Hacemos las aplicaciones exclusivamente en la tabla del cuello. Desinfectamos las agujas entre un bovino y otro, y las cambiamos cada tanto para evitar que se mochen y causen daños en el músculo. La dosificación se calcula en base al animal más pesado de la tropa y, en caso de superar la máxima aconsejada, se da en dos lugares distintos del cuello.
Muchos piensan que en el campo es difícil atender tanto detalle pero, en materia de sanidad, el apuro cuesta caro y se refleja en la performance de las haciendas», subrayó.
La empresa cuenta con estas normas desde hace 12 años, y hace más de tres, ingresó al Club de Proveedores de Calidad de Tacuarembó/Marfrig, que apunta a atender a sus clientes internacionales más exigentes. «Como miembros, recibimos capacitaciones del frigorífico que además nos auditaba y contamos con la certificación SGS. Compartimos la idea de que hacer las cosas bien es más fácil y beneficioso para todos, aunque sabemos que la correcta aplicación de productos veterinarios es una responsabilidad del ganadero», concluyó.
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