Davos: entre la reforma financiera y la crisis generada en Haití
La despedida del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el discurso inaugural del jefe de Estado francés, Nicolas Sarkozy, serán otros de los puntos fuertes del Foro que culmina el domingo 31 de enero en la estación de esquí del este de Suiza.
Tres semanas después del violento sismo que devastó Haití, los 2.500 invitados participarán en una sesión plenaria especial de último minuto centrada en la reconstrucción de uno de los países más pobres del mundo.
«Haití estará en primera línea de las discusiones» en presencia del ex presidente estadounidense Bill Clinton, designado emisario especial de la ONU para el país caribeño, anunció el fundador del WEF, Klaus Schwab.
El objetivo es «lanzar una iniciativa para que el mundo de los negocios se comprometa en la reconstrucción de Haití», agregó.
Además de este tema, la próxima edición debatirá principalmente sobre la frágil reactivación económica y las reformas del sistema financiero, cuyos desequilibrios originaron la crisis de 2008 que dio lugar a la peor recesión de la posguerra.
«Es necesario hacer que las reformas necesarias continúen», afirmó Schwab, para quien «algo fundamental no funciona» en el sector financiero.
«Queremos confrontar a los dirigentes» a esta realidad, aseguró, en una declaración de buenas intenciones que dejó perplejos a algunos especialistas que no quisieron revelar su identidad, teniendo en cuenta el modelo capitalista liberal que siempre defendió Davos.
En ese sentido, Lula y Sarkozy volverán a la carga para impulsar una economía con rostro humano, aunque cualquier cuestionamiento fuerte del capitalismo parece descartado de antemano.
La tarea será ardua, ya que los numerosos banqueros esperados en Davos (Deutsche Bank, UBS, Credit Suisse, Société Générale, Morgan Stanley) aprovecharán la ocasión para exigir a los dirigentes políticos que revisen a la baja sus ambiciones de reformas.
Para Lula, en el último año de mandato de su segunda presidencia, será su última visita como jefe de Estado brasileño a Davos, adonde llegó por primera vez en 2003, cuando la elite que hoy lo celebra por el éxito económico de su país, lo miraba con desconfianza y sospecha por su pasado sindical.
El Foro, que se jacta de invitar a muchos representantes de la sociedad civil, también tendría que ocuparse de la «crisis social» que amenaza con explotar en 2010, según el propio WEF, con presupuestos gubernamentales bajo presión y un desempleo en fuerte alza.
Además de Lula se espera la presencia, entre otros, del presidente mexicano Felipe Calderón, el colombiano Alvaro Uribe y el español José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo país ejerce actualmente la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE).
Si la lista es como siempre lujosa, llama la atención sin embargo la falta de responsables norteamericanos de alto nivel.
Pero para muchos, Davos vale más por su red que por sus ideas, ya que permite encontrar en un minuto al hombre más rico del mundo, Bill Gates, al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, y al director ejecutivo del banco Standart Chartered, Peter Sands.
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