De la Rúa quiere mostrar que aún tiene el poder

El presidente Fernando de la Rúa convocó para hoy a diversos sectores sociales para conseguir respaldo a las medidas económicas anunciadas por el ministro de economía Domingo Cavallo aunque el llamado parece tender a darle un primer plano al jefe de Estado, opacado por el espacio que ganó en estos días el padre de la convertibilidad.

Da razones a esta sospecha el hecho de que el vocero presidencial, Ricardo Ostuni, haya advertido que no es cierto que De la Rúa ha perdido poderes, criterio que desparramó el ex ministro del Interior, Federico Storani, que dice además que el actual gobierno no refleja a la coalición electoral que lo llevó al gobierno en 1999, que está dominada por Cavallo y sus amigos antifrentistas del radicalismo.

Que Cavallo ocupa el lugar relevante estos días es imposible de ocultar. Anteanoche reunió a más de 600 empresarios para avanzar en sus propuestas que comienzan con la aplicación de la parte ya vigente de la ley de competitividad que le permite poner mano en las transacciones con cheques, una rápida forma de recaudación que al parecer no le ha caído bien a los banqueros.

El ministro cree, y no cree mal, que tiene la «sartén por el mango y el mango también», como reza la canción de María Elena Walsh. Quiso decir: tengo poder y tengo plata (por medio de la recaudación explicada), con lo que no necesitará pedir plata a los bancos hasta que no bajen las tasas al nivel, en dólares, de México, menos del 8% anual, frente a los casi once puntos con que debió pagar «por última vez» unas Letras de Tesorería para hacerse de dinero fresco urgente, hasta que desde la semana próxima comience a ingresar diariamente plata de las transacciones con cheques.

Las medidas salvadoras

Cavallo lanzó los lineamientos de su gestión para el próximo año. En ese lapso, aseguró, se recuperará plenamente la competitividad de la economía. Para ello anticipó que: el impuesto a las transacciones financieras entrará en vigencia el próximo 3 de abril. Se avanzará en un programa progresivo de eliminación de impuestos a la producción, que dejará como saldo sólo a los impuestos al Valor Agregado y a las Ganancias.

Los impuestos distorsivos serán suprimidos paulatinamente por sectores y regiones geográficas que requieran de una mayor asistencia para lograr competitividad, dada su posición de comercio con países con monedas devaluadas. También se apuntará a aquellos sectores que compitan con países con condiciones de estímulo a su producción. Una fuerte lucha contra la evasión impositiva. No habrá más evasión en un año, enfatizó.

La imposición de un plan de regularización impositiva está adoptada de la experiencia española. La concentración de la recaudación en los bancos, para lo cual se adaptarán sistemas que aportarán los Estados Unidos y Brasil. La utilización de las bases de datos de los bancos que serán generadas por el impuesto a las transacciones financieras.

El financiamiento, a través de mecanismos que establecerá la Secretaría de Finanzas, de las empresas que se sumen a los planes de competitividad regionales o sectoriales consistentes en la supresión de impuestos y de regulaciones y trabas a la actividad.

Una virtual generalización –prácticamente sin exenciones– de IVA y Ganancias, cuyo pago será simple, y a través de los mecanismos del impuesto a las transacciones financieras. En este contexto, Cavallo decidió jugar fuerte con los bancos. De hecho, abrió su discurso con una dura advertencia: «Hoy (por el martes) fue la última vez que tomamos fondos con las tasas que pretenden. De ahora en más, en la medida de nuestras posibilidades financieras, no aceptaremos tasas de este nivel», advirtió severamente.

Esa tranquilidad financiera le permitiría al gobierno autolimitarse en la toma de fondos, sería dada por los recursos que, afirmó Cavallo, provendrán del impuesto a las transacciones financieras. Con todo, el ministro no recibió grandes muestras de aprobación en este sentido por parte de la platea financiera.

Premios y castigos

Es su viejo criterio de premios y castigos, que le dio satisfacciones a principios de la década pasada, cundo además de frenar la hiperinflación, consiguió que el PBI trepara sostenidamente, hasta 1996. Después vino la noche y ahí está la meseta productiva y los desocupados y marginados.

Los sectores industriales han recibido con cierta expectativa los anuncios. Incluso un virtual blanqueo de capitales con la idea de repatriar los casi 90 mil millones de dólares de argentinos que están en bancos extranjeros o en paraísos fiscales, acaso sea una utopía.

Ayer el senado nacional empezó a tratar la segunda parte de la ley de competitividad que otorga al gobierno, es decir a Cavallo, poderes importantes. Algunos le fueron cortados, entre ellos, poner en caución la recaudación de la recaudación fiscal para satisfacer en primer lugar la deuda externa y ciertas limitaciones para despedir empleados públicos.

Pero éstos no creen en peces de colores y ayer realizaron manifestaciones callejeras, mitines y ocupaciones de oficinas, pese a las advertencias del Ministerio de Trabajo de declarar ilegal las medidas.

Encuestas periodísticas otorgan a Cavallo un ascenso en la credibilidad pública. Pero otra efectuada entre comerciantes indica que nadie nota que hayan cambiado las expectativas, porque las ventas no aumentan: y en casos, bajan.

Alea jacta est. Podría repetir el ministro la vieja frase latina: la suerte esta echada. Y no solamente para el zar de la economía.

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