Un mundo que no tenía ángeles

Me refiero a Business Angels. La traducción más certera de este anglicismo podría ser “ángeles inversionistas”, y generalmente lo son; ángeles, y en algunas ocasiones incluso también inversionistas.

No hace mucho, uno de los más reconocidos Business Angels del sector de la tecnología y la innovación me confesaba: “Mi rango de inversión es de hasta, haciendo un esfuerzo, 200.000 euros. En una reciente reunión que hemos tenido de Business Angels en Suiza, muchos de los inversores privados  europeos nos confesaron que su rango de inversión era de hasta 2 o 3 millones de euros, algo imposible de extrapolar por ejemplo a España, donde esa capacidad económica no existe actualmente”.

La práctica totalidad de las nuevas empresas en el sector de la tecnología necesitan una primera financiación cercana a los 400.000 euros y el primer paso consiste generalmente en recurrir a las clásicas 3 F (Friends, Family and Fools). Una vez estudiadas estas posibilidades “cercanas”, los recursos y las puertas a las que llamar se agotan con pasmosa rapidez. De todos los nuevos proyectos empresariales del sector tecnológico, solo un pobre 30% consigue traspasar esta primera barrera, el resto, un 70% de proyectos generadores de empleo y riqueza, se quedan olvidados esperando una opción de financiación.

Conseguir una financiación cercana a los 400.000 euros siempre ha sido difícil, pero es más difícil entender por qué la crisis no afecta al logro de la financiación a día de hoy. Hace pocos meses había dinero para unos pocos y tú, como emprendedor, no estabas entre ellos; ahora ¡alegría! nos encontramos en uno de los pocos casos en los que la situación no ha empeorado con la crisis, seguimos igual, no habrá dinero para tu proyecto.

Existe un problema de estructura real. La figura del Business Angels no existe prácticamente y las sociedades tradicionales de Capital Riesgo son generalmente de “Capital” justito y de “Riesgo” poco o nada. Actualmente estas sociedades solo apoyan proyectos claramente ganadores y casi nunca atienden a inversiones inferiores a 1 Millón de Euros. El resultado, una tierra de nadie, que habría que abonar para que estuviera regada de Business Angels deseosos de apoyar el lanzamiento de estas compañías con rangos de inversión cercanos a los 300.000 o 400.000Euros.

Para ser sinceros también habría que destacar que ángeles de verdad hay pocos y entran y salen del sector con frecuencia. De hecho me atrevería a decir que la figura del inversor particular profesional casi no existe y que los pocos que están estudiando, apoyando y dando la cara por este sector son mayoritariamente empresarios de éxito.

Estos casos de éxito eran pequeños emprendedores a finales de los años 90, que han hecho dinero en estos años y les gusta hacer lo que nadie hizo por ellos; apostar e invertir en compañías jóvenes, mirar a la cara a un emprendedor, creer en su proyecto y acompañarle en el camino, intentando en muchas ocasiones aportar no sólo capitalización sino también valor y no solo buscan una alta rentabilidad a medio o largo plazo, les gusta lo que hacen y para ellos es una gran profesión, aunque insisto, son pocos y se podrían contar con cierta rapidez, demasiada rapidez.

Por ejemplo, la administración Española jamás ha fomentado la figura del Business Angel. Es una lástima porque es una figura clave en el fomento de la innovación en España. Aquí sólo un 5% de las nuevas empresas de internet sobreviven a su primer año de vida, lo que ocurre en otras muchas partes del mundo. Esa cruel selección natural hace imprescindible la figura de no sólo un inversor financiero, como un banco o un crédito del ICO, sino de un auténtico mentor, que aporte generalmente no sólo financiación, sino también, experiencia, know how y los consejos de una persona que como él, ha pasado por sus mismas inquietudes.

Lamentablemente los pocos que actúan en estos momentos tienen un poco de atrevidos y mucho de románticos. En muchos países, la labor de estos inversores particulares todavía no está regulada, no tiene  una fiscalidad definida y no cuenta con el más mínimo apoyo institucional ni tan siquiera con unas reglas del juego definidas. Posiblemente por este motivo, cuando uno sale y pisa la calle, fuera de algunos sectores muy concretos de emprendedores, la gente no sabe qué es, qué representa ni qué significa ser un Business Angel.

Pero afortunadamente existen motivos para el optimismo. Se han iniciado ya los primeros pasos y solo tenemos que mirar a algunos países de Europa (Francia, Alemania, Suiza …) , Japón o Estados Unidos para ver como se está regulando la figura del Business Angels desde hace ya años. En España, al menos, empezamos a caminar y eso es ya un motivo para seguir trabajando y apoyando desde nuestras empresas de inversión a los emprendedores  que nos presentan sus nuevos proyectos. Y espero que en Latinoamérica se siga el mismo camino.

Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña

CEO Ocio Networks

Business Angel

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