El impacto en la región
La ciudad de Varela está vinculada al arroz y tiene una población similar a la de Lascano, pero se percibe en los testimonios una mirada más positiva. Santiago Barreto, directivo de la Sociedad Criolla de Varela, cuenta que el impacto ha sido bueno, generó puestos de trabajo directos e indirectos, contratación de maquinaria para laborar la tierra o para hacer caminos.
También cambiaron los números vinculados a la tierra. Barreto relata que las empresas sojeras vinieron a arrendar y las rentas se cuadruplicaron, los neozelandeses compraron, y campos que valían US$ 1.500 la hectárea pasaron a valer US$ 5.000.
Sin embargo considera que aún no se percibe el impacto del tambo como generador de nuevos oficios y de una cultura diferente en el manejo de las pasturas y el agua, pero considera que aún es pronto para percibirlo.
El gerente de Nzfsu aclara un punto importante; dice que en la empresa, en todo el proyecto, han trabajado sólo cinco neozelandeses; algunos vinieron, estuvieron un tiempo y se fueron, otros se han quedado. «Ellos nos asesoran y los inversores son los que han financiado el proyecto». Asegura que el proyecto lo hicieron uruguayos y subraya que ha tenido oportunidad gente muy preparada que no podía desarrollar su potencial en el país.
La juventud
Barreto tiene una visión optimista en el sentido de que la actividad pueda motivar a los jóvenes a integrarse al trabajo en el campo, aunque considera que las escuelas agrarias de la zona no se han adaptado a la demanda del nuevo rubro. En este aspecto destaca que la propia empresa organizó cursos de inseminación y manejo de tambo.
De León relata que la empresa hizo una encuesta entre los operarios y que una de las cosas positivas que surgieron fue la capacitación que se le da al personal. Relata que «una de las ideas es que la persona se vaya capacitando y pueda ir mejorando dentro de la empresa». Sin embargo mantiene cautela en cuanto al impacto que eso puede tener en la zona y considera que la empresa no tiene la finalidad de enseñarle la verdad a los vecinos. Asegura que cada uno hace en su casa lo que le conviene y nadie va ir a decirle a un tambero, a un estanciero o a un arrocero lo que está bien o está mal.
Ricardo Rovira, gerente de Calvase, cooperativa productora de semilla instalada en Varela, asegura que «no tenemos contacto con la inversión, pues compran la semilla a la empresa neozelandesa que está vinculada a ellos, lamentablemente, ya que sería un gran cliente para nosotros».
El agrónomo opina que «mucha gente se ha beneficiado, contratistas tuvieron trabajo y tuvieron que adecuarse y modernizar su parque de maquinaria para dar mejores servicios; también los propietarios de maquinaria vial, que han trabajado por muchos meses».
El gerente de Calvase destaca que estas inversiones son diferentes a las que han venido en otros tiempos, que «traían todo. Estos dan vida a los pueblos, quieren no tener problemas y son grandes demandadores de servicios, pero claro: hay que adecuarse a las exigencias», afirma.
Este reportaje ha sido posible gracias al financiamiento del Fondo Prensa Rural, una iniciativa de promoción a la investigación periodística de temas rurales promovida por el programa Dinámicas Territoriales Rurales de Rimisp (www.rimisp.org/dtr). No obstante el apoyo entregado, el producto final no tuvo injerencia editorial de Rimisp.
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