Tras la quiebra de General Motors

Proveedores de autopartes solicitan su bancarrota

Dos de los principales proveedores estadounidenses de autopartes con sede en Michigan solicitaron su bancarrota, debido a que la demanda de autos disminuyó a los niveles más bajos de la década en el subcontinente de América del Norte. Se trata de Visteon, ex unidad fabricante de autopartes para Ford Motors y el fabricante de chasis, Metaldyne Corp, una unidad de la compañía japonesa Asahi Tec Corp.

Visteon, ex unidad fabricante de autopartes para Ford Motors, solicitó la bancarrota en Delaware, el mayor Estado proveedor mundial de sociedades para uso offshore. Cada año constituyen cerca de dos millones (en su mayoría por Internet) siendo su principal fuente de ingresos. La sociedad confirmó el jueves que obtendrá ayuda financiera de parte de Ford durante la bancarrota.

Ford es el único de los tres mayores fabricantes de autos de EEUU que no quebró.

Visteon perdió dinero en los últimos nueve años. Según las informaciones, la empresa tiene U$S 4.580 millones en bienes y U$S 5.320 millones en deudas, incluyendo unos U$S 862 millones que debe pagar a tenedores de obligaciones.

Entre tanto, el fabricante de chasis, Metaldyne Corp, una unidad de la compañía japonesa Asahi Tec Corp, anunció el miércoles que solicitará la bancarrota en la corte de bancarrota de Nueva York.

Metaldyne, cuyo acreedor sin garantía más grande con una reclamación de U$S 27,5 millones es la fabricante de automóvilers Chrysler, ha acumulado U$S 929 millones en deudas desde el 31 de diciembre, dijo Asahi Tec en una declaración a la Bolsa Mercantil de Tokio.

«La reducción en la producción de vehículos debido a la falta de demanda de los mismos, ha tenido un impacto dramático en toda la industria. Ha ocasionado dolores dramáticos no solo a los fabricantes de autos sino a todos los proveedores», dijo Neil De Koker, presidente de la Asociacion de Proveedores de Equipo Orginal.

Las ventas de automóviles han disminuido a los niveles más bajos de los últimos 27 años y la demanda por autos nuevos se ha desplomado más de 35% desde octubre durante la recesión sin precedentes en los EEUU. La industria automotriz de EEUU y los autopartistas han sufrido enormes pérdidas y han tenido que ser ayudadas por el Estado.

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