La oportunidad de Asia en la crisis actual
El resultado más destacable de la asamblea del Banco Asiático del Desarrollo (BAD) celebrada esta semana no serán los más de 110 mil millones de dólares aprobados en nuevas líneas de liquidez para la región, ni la ampliación del capital del BAD en un 200%, ni siquiera la consolidación de una red de acuerdos bilaterales de intercambio de divisas en un fondo común por valor de 120 mil millones de dólares para los países del sudeste asiático junto a Japón, China y Corea del Sur. La lectura clave de las iniciativas anunciadas será el considerable impulso que otorga a la cooperación intrarregional y que refleja asimismo la participación activa que Asia y, en concreto, China, quieren desempeñar hacia la resolución de la crisis actual.
En relación a la cooperación intrarregional, los tres principales países asiáticos (Japón, China y Corea del Sur) con reservas acumuladas de divisas por más de 3 billones de dólares, aportarán el 80% (96 mil millones de dólares) de un fondo de intercambio de divisas asiáticas frente al dólar del cual se beneficiarían los diez países miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean en sus siglas en inglés). El tamaño del fondo representaría una cuarta parte de las reservas de divisas del conjunto de países del Asean, convirtiéndose, tras su entrada en vigor a finales de este año, en un importante mecanismo precautorio de liquidez para la región, adicional al financiamiento de organismos multilaterales tales como el Fondo Monetario Internacional.
La cooperación financiera no se detiene allí para Japón y China. Japón ha anunciado recientemente planes para establecer una nueva línea de intercambio de divisas asiáticas con el yen japonés por 6 billones de yenes (60 mil millones de dólares) y garantizar hasta 500 mil millones de yenes (5 mil millones de dólares) en emisiones nuevas de bonos samurai (deuda en yenes de gobiernos y empresas extranjeras). China ha firmado, desde diciembre de 2008, el equivalente a 167 mil millones de dólares en líneas bilaterales de intercambio de divisas, de los cuales cerca de la mitad ha sido con bancos centrales asiáticos, y el resto, por primera vez, con países emergentes no asiáticos y participará junto al BAD en la financiación de proyectos por al menos 3 mil millones de dólares hasta junio de 2012.
Por otro lado, China ve en esta crisis la oportunidad de impulsar reformas estructurales que permitan corregir los desequilibrios actuales en su economía. Reformas en el sistema financiero chino, a más corto plazo, por la vía de impulsar el uso de la moneda china en el comercio internacional, en un primer paso para alcanzar la convertibilidad plena de su moneda, pero también a través del aumento en el financiamiento bilateral a países emergentes y en la inversión directa en el exterior, que ayude a reducir su superávit externo. A medio plazo, reformas en el modelo de crecimiento chino con el objetivo de expandir la demanda interna, fomentar la competencia y eliminar los sesgos en el mecanismo de formación de precios. En suma, la crisis actual podría convertirse en una oportunidad estratégica, no sólo para el desarrollo de la cooperación financiera en Asia, sino también para la puesta en marcha de ajustes estructurales que permitan sostener el crecimiento a más largo plazo de los países en la región.
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