ANALISIS NACIONAL

EL COMUNICADO DEL COPOM

El Comité de Política Monetaria del BCU decidió, el miércoles, disminuir en un punto porcentual la Tasa de Política Monetaria llevándola al 9%, casi como una señal respecto a que la autoridad monetaria está dispuesta a jerarquizar el nivel de actividad frente al riesgo de una inflación sobre la cual mantiene su «preocupación», según reza el Comunicado del Copom. Explícitamente, el Comité anuncia su intención de continuar haciendo política contractiva indicando que, aunque disminuida, esa tasa está por encima de la inflación pasada y las expectativas. Por alguna razón, el Copom decide llevar de los actuales cuarenta y cinco días a noventa el plazo de las reuniones regulares. El comunicado no dice mucho más. En suma, el Banco Central decidió balancear o desdibujar un poco el impacto de la señal del 10 de enero pasado, cuando aumentó en dos puntos ­de 8% a 10%­ la tasa meta de política.

No hay en el comunicado abundamiento mayor respecto a en qué se está realmente con respecto a la identificación de las causas de una inflación que nos coloca el los rankings internacionales muy mal parados e internamente nos sigue complicando todo.

A diferencia de lo que el balance de riesgos del Informe de Política Monetaria de diciembre afirmaba respecto a la subsistencia de riesgos inflacionarios, no hay en el comunicado del miércoles referencia a la muy deteriorada productividad del trabajo, la consideración de los aumentos salariales y las nuevas tendencias de afirmación de los precios de los commodities que se está retomando en estos días; ayer la cotización del petróleo se elevó 7% y supera la referencia Ancap, exponiendo al país a un ajuste en el precio de los combustibles.

Es muy dificil hacer política monetaria en el Uruguay y el Copom parece reconocerlo cuando de hecho acepta que el nivel de confortabilidad histórica del país con la inflación oscila entre 7% y 10%. Pero esa es, precisamente, la inconveniencia. El BCU debería explicarnos más porque ha decidido omitir los riesgos inflacionarios de una demanda fuerte de pesos que, tienen en el gasto público expansivo un escalón inicial, bien elevado, por cierto. Porque si no lo hace, se cargará en sus débiles espaldas todo el riesgo de los futuros desequilibrios y una reputación que no logra consolidar.

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