AFAP: EL MERCADO DESAFIA EL SISTEMA
La reforma del sistema en la búsqueda de una adecuación a la realidad se transforma en un imperativo que ya no se puede dilatar. Y la reforma o ajuste del sistema pasa por la modificación de su opacidad. Ya no alcanza la información que el BPS, las AFAP y la Superintendencia del BCU ajustan y emiten casi diariamente. A nadie parece interesarle en el Uruguay que los trabajadores ahorren cuantiosos montos de dinero mensualmente en un sistema híbrido «solidario» y «de mercado», que ni es solidario ni su lógica se compadece con la del mercado. Desde 2007 a la fecha, en la medida en que comenzaron a soplar las primeras brisas de la crisis, los riesgos implícitos de un sistema concesivo de lo políticamente «potable» han comenzado a estallar en línea. En esa perspectiva aparece el fantasma que en los primeras discusiones de 1996 expusieron académicos y operadores independientes. Algo así como «si este sistema que nace no es modificado rápidamente y defendido con convicción por los trabajadores como responsables del cuidado de sus ahorros, la caída del sistema es inevitable… la concentración de riesgos no será sólo la de mantener un FAP con capacidad de pago de prestaciones comprometidas; será también la revelación de un riesgo sistémico: si la rentabilidad y riesgo de los FAP es similar a la de un Bono del Estado, no se justifica el costo y la distorsión de un sistema mixto«. Palabras más, palabras menos, de tal manera se sintetizaba así el bautismo académico del sistema en un coloquio de mediados de los 90. En resumen: transcurridos los dos primeros meses del año, los ciudadanos no parecen entender que los casi U$S 3.000 millones que han ahorrado casi 852.000 trabajadores han comenzado a escurrirse entre sus manos. La rentabilidad anual en la medida de repago de jubilaciones está cayendo hace meses en proporciones del 25% anuales. Eso no es lo peor siendo lo principal. Lo peor es que la administración profesional de esos cuantiosos montos está maniatada por normas rígidas y viejas. Peor aún es que esos FAP dominantes en el mercado, lejos de ayudarlo, complican todo, fijan precios, financian a prestamistas de consumidores en un prociclo peligroso (para el consumidor), etcétera, etcétera.
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