Signos de reactivación en la economía global
Conforme el 2009 comienza a tomar forma, y pese a que los anuncios de salvatajes diversos continúan, algunas variables relevantes de la coyuntura económica empiezan a emitir señales alentadoras. Claro está que nos referimos a la emergencia de datos de la realidad con visos de normalidad, pero de carácter relativo, luego de la fuerte contracción y estado de nocaut generalizado en que había quedado el mundo a finales de 2008. Estas tenues señales son perceptibles, tanto a nivel de la economía real, en lo que refiere a algunos rubros del comercio exterior, como desde el plano financiero, como es el caso de la creciente apetencia de los inversores por otros títulos que no sean los del Tesoro norteamericano.
Confluencia multifactorial
Para ello confluyen varios factores, entre ellos el efecto Obama, la confirmación del mantenimiento de las tasas de interés en prácticamente cero, como también su plan de reactivación y, detalle no menor, la renovación de la confianza en sentido estricto. Esto sucede a medida que va tomando cuerpo el cambio de perfil y el tono que la administración Bush le había impreso a la crítica situación, y que para el mundo todo se había tornado sinónimo de fracaso, y de grandes prebendas para unos pocos.
Los flujos de intercambio
Otro factor en danza es que lentamente comienza a modificarse el escenario contractivo del comercio mundial. Sabido es que siempre, más tarde que temprano, los flujos de intercambio y los principales actores de estos mercados comenzarían a internalizar la nueva coyuntura. Hablando en buen romance, empiezan a acostumbrarse a las malas noticias. Por otro lado los stocks comienzan a agotarse y el invierno boreal viene crudo y para largo. En principio, entonces, y aunque parece en extremo apresurado batir palmas y catalogar estas señales como derivadas simples y directas del mencionado efecto Obama, lo cierto es que comienza a aparecer luz en el horizonte. Cabe recordar que hace unos meses nomás, muchos analistas estimaban el cambio en la Casa Blanca como un ingrediente crucial para la reactivación de la confianza y la consolidación de un cambio en las expectativas. Tampoco es menos cierto que la construcción de nuevos fundamentos de la economía global llevará tiempo y deriva de una compleja alquimia de factores políticos y económicos. Una de estas señales la constituye sin duda la reactivación de las emisiones de deuda por parte de los países emergentes, la baja del riesgo país en estas economías y la lenta recomposición de los canales de intercambio comercial. Señal que los flujos de inversión lentamente comienzan ha diversificar sus canales hacia la periferia del sistema. Nuestro riesgo país muestra una pendiente descendente superior al 30% en el último trimestre móvil y nuestras exportaciones de carnes y cereales, según los últimos datos de la Cámara de Exportadores, muestran muy leves descensos en las primeras y fuerte suba en los segundos en relación al año pasado que, con sendas aperturas a los Estados Unidos, y con ello a todo el Nafta, así como a Jordania, a Brasil y otros destinos, son muestras claras de una paulatina normalización. Incluso en lo que respecta a las materias primas alimentarias, si bien es cierto que la demanda mundial se ubica lejos de los picos de mediados de 2008, los últimos informes de la FAO estiman una reducción de la oferta, básicamente por cuestiones climáticas, pero sin duda acompasada por una retracción de las áreas cultivadas como consecuencia de las alarmas encendidas con la crisis. Esto hará que en breve los precios de estos productos vuelvan a subir. Distinta parece ser la situación del petróleo, que en la víspera continuaba cotizando en el entorno de los 40 dólares, pese a consecutivos recortes de producción por parte de la OPEP. No obstante esta aparente calma, varios analistas han señalado la necesidad de estar prevenidos respecto a un fuerte impulso al alza del precio del barril de crudo.
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