Soja. Es uno de los cultivos con mayor expansión

En 20 años se duplicó el área utilizada en el campo

El informe realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el Centro Latino Americano de Ecología Social (Claes), Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama), en el capítulo «Cambios en usos de la tierra» expresa que «el sobrepastoreo (mayor carga animal de lo que soporta el forraje disponible en pastura) ha sido uno de los causantes de la erosión genética de especies nativas», acotando que «si bien el impacto en el paisaje no es tan visible como sucede con la desforestación en países con grandes extensiones de selvas o bosques, la erosión genética causada por el sobrepastoreo que se detecta desde 1950 a 60″ ha afectado «un importante número de especies del ecosistema platense».

Pero que a partir del año 2000 «comienzan a consolidarse nuevas tendencias, como un nuevo aumento de la forestación y de tierras dedicadas a la agricultura».

 

Expansión de la soja

«Entre los censos de 1990 y 2000, los cambios más importantes fueron la forestación para la producción de madera (eucaliptos y pinos) -iniciada a fines de la década de 1980 con especies exóticas de rápido crecimiento-, y la progresiva implantación de praderas y cultivos forrajeros anuales en tierras destinadas a la ganadería». Mientras que en 1990 la superficie forestada era del 1,2% del territorio nacional, pasó a ocupar en el año 2000 «más de 600 mil hectáreas» representando «un aumento del 230% aunque solamente el 4% del total de la superficie está explotada». El informe agrega que «entre los años 2003 y 2007 se produce además una creciente expansión de la siembra de cultivos extensivos, que responde básicamente al aumento de la soja, que en más del 90% del área se siembra la variedad transgénica». La expansión e intensificación agrícola, de acuerdo a este estudio, «está modificando los ecosistemas». Se destaca que «la expansión del cultivo de soja es uno de los cambios más relevantes en Uruguay y es parte de un proceso regional que involucra a Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia». Esto hace de esta región «la mayor productora mundial de este oleaginoso. Por otro lado, en los últimos años se registra una tendencia a la intensificación de la producción ganadera (mayor producción por hectárea) que contribuye a aumentar la superficie de praderas artificiales en detrimento del campo natural». El informe puntualiza que si se analiza la evolución del uso de la tierra en los últimos 20 años el área intervenida ha aumentado, pasando de 1.600.000 de hectáreas a unas 3.500.000 hectáreas en el 2006/07 «considerando en esta categorización a la suma de cultivos extensivos (cereales y oleaginosos), praderas sembradas (artificiales), cultivos forrajeros y superficie forestada».

Más adelante se puntualiza que el monitoreo de la dinámica del uso del suelo «y los indicadores de estado (grado de erosión de suelos, contaminación de aguas, frecuencia de especies nativas, etc.) es la clave para la planificación y ejecución de políticas orientadas al uso sustentable de los recursos naturales» pero que sin embargo «en el país no existe una red nacional de monitoreo que permita conocer la evolución de diferentes indicadores de estado».

 

Otros datos

«El principal uso de la tierra es la producción agropecuaria. La misma ocupa más del 90% del territorio nacional, donde predomina la ganadería con un 70% de la superficie explotada. El sector agropecuario es uno de los pilares de la economía del país debido a su participación en las exportaciones y en el producto nacional (12% del PBI). En las últimas dos décadas se produjeron cambios paulatinos en el uso de la tierra, incrementándose fuertemente el ritmo de cambio en los últimos 5 años. El crecimiento de la forestación artificial se inicia en la década de 1990, simultáneamente se da un sostenido crecimiento del área de praderas sembradas y ‘mejoramientos’ de campo natural para la ganadería. A partir del año 2002 se suma a esos procesos una fuerte expansión de la agricultura de granos liderada por el cultivo de soja y una creciente intensificación de la producción ganadera.

Esta intensificación productiva tiene consecuencias ambientales. Los mayores impactos y amenazas emergentes son la erosión hídrica del suelo por actividades agrícolas, pérdida de biodiversidad (especies nativas de flora y fauna) y afectación de recursos hídricos. Algunos estudios indican que estos cambios han afectado la diversidad genética de los ecosistemas de campo natural y el ciclo hidrológico del agua, al sustituirse áreas de praderas naturales por grandes masas forestadas con eucaliptos y pinos, así como por la instalación de praderas sembradas y de agricultura de granos en áreas de campo natural dedicadas a la ganadería extensiva.

No existe en funcionamiento un adecuado sistema de monitoreo. El país no utiliza indicadores de estado a nivel nacional que permitan evaluar y cuantificar los impactos del cambio de uso e intensificación del uso del suelo. El monitoreo de los indicadores de estado y socioeconómicos es clave para la planificación y ejecución de políticas orientadas al desarrollo sostenible. Si bien se cuenta con una base de normas ambientales y territoriales que regulan el medio rural, éstas no han sido totalmente implementadas.

Existen regulaciones referentes a tierras forestadas y al manejo y uso de suelos y aguas en todas las actividades agropecuarias. Asimismo, está en proceso el desarrollo de un sistema nacional de áreas protegidas y otras acciones orientadas al manejo sostenible de los recursos naturales, que son implementadas por programas del MGAP y la Dinama.

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