Frente a la sequía

Crisis y políticas para el agro

La fuerte crisis en la cual ha ingresado prácticamente la generalidad de la producción agropecuaria coloca al gobierno en una zona de dificultades considerables.

Sobre todas las cosas en el diseño de esa estrategia asistencial del Estado subsiste una de las dificultades tradicionales en este tipo de emergencias: la de diferenciar políticas asistenciales a la sociedad y al empresariado agropecuario. Los instrumentos no sirven para todo y aplicados indiferenciadamente pudieran generar más problemas que los que se busca solucionar.

Frente a la complejidad y gravedad de la coyuntura agraria en un contexto de dificultades del país en su conjunto convendría considerar lo siguiente:

a. Una cosa es la consulta a las agremiaciones rurales y otra es generar dudas respecto a que el Estado se manejará en la emergencia con independencia absoluta de las previsibles reivindicaciones sectoriales o subsectoriales. Ello facilitará la aceptación social de las cuantiosas transferencias exigidas por la asistencia.

b. Es necesario involucrar el resto de la estructura asistencial del Estado en el logro de soluciones concretas liberando al MGAP y al MEF de la responsabilidad de conciliar en cada medida soluciones económicas y sociales. De lo contrario se corren dos riesgos, al menos: la provisión de señales confusas sobre la dirección de la intervención del Estado en el mercado y, un debilitamiento de la asistencia efectiva a las unidades familiares.

c. La política comercial del país necesita ser revisada completamente.

Es, además, la oportunidad de hacerlo. Una apertura comercial amplia y asegurada por normas estables operaría milagros en todo el extenso período en el cual la logística fronteriza de importaciones y exportaciones no puede ser dificultada por la permanencia de barreras arancelarias y parancelarias que operan como barreras disuasivas.

d. Importaría sobremanera acelerar mecanismos actualmente en estudio legislativo -modificación de la Ley de Mercado de Valores- y revisar las trabas que obstaculizan la fusión de empresas con permanencia de productores en la función productiva asociados a empresarios con capacidad de gestión; en cualquier escenario futuro la complejidad del negocio agropecuario será extremadamente mayor que en la precrisis.

Empero, esencialmente, el Estado debe explicar con mucha claridad que puede compartir riesgos con algunos empresarios y las familias agrarias afectadas pero que no puede ni quiere sustituir a los individuos en sus decisiones más difíciles.

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