EL REGULADOR SOSPECHOSO Y CONFUSO
Por lo que haga y deje de hacer el Banco Central pasa parte esencial del éxito o el fracaso de la gestión de crisis que aplica el gobierno en la emergencia actual. Alcanza con reiterar que el gobierno se enfrenta, por primera vez, a un cambio de expectativas cuyas consecuencias son bastante más gravosas que el resto de los problemas.
El saldo de ese juego de expectativas sobre lo que sucederá con la economía uruguaya en el futuro se resume en el estado de la confianza de la población respecto a la capacidad del Estado para arbitrar conflictos de intereses multiplicados por la crisis. El BCU ha descuidado el riesgo inflacionario que en enero precipita la expansión salarial y la sequía. Ha rehusado explicar el daño que pudiera causar una expansión de medios de pago insoportable para los equilibrios básicos de la economía.
Es cierto que en el Uruguay que creció a tasas asiáticas, ajustar el financiamiento de la política a crecimientos del 1% o 2% en estos dos próximos años es un fenomenal problema de difícil resolución política. Pero precisamente por esto, en este trance el país necesita un regulador capaz de disuadir toda sospecha de que se pudiera estar hipotecando la estabilidad de largo plazo actuando en función de mantener, cueste lo que cueste, un nivel de actividad basado en consumos imposibles. En estos escenarios, todo es especulación y el riesgo moral o la asimetría de ricos y pobres respecto a la disponibilidad de mejor información causa estragos.
Ahora, con la inflación otra vez en el borde del 10%, el país no tiene en la sequía – catalizador dramático si los hay- o en sus mercados, los problemas principales. Con un BCU que ha abandonado en la práctica metas y políticas monetarias, sin mecanismos de información mínimamente decorosos, por primera vez sin publicación de su visión independiente de la economía desde su propia perspectiva -el omitido informe de política monetaria- será muy difícil enfrentar con éxito esa batalla de expectativas, campo de confrontación principal para la gestión de la crisis actual.
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