Escrito por: Jorge Jauri
A esta altura de las cosas, con las referencias usuales para seguir la evolución de la política monetaria y cambiaria del gobierno, es natural que los principales operadores del mercado ajusten sus precios y tasas a la evolución de la situación brasileña. Por diferentes razones, algunas de tiempo, otras de mayor peso, el BCU se ha diluido como referente y la información relevante para la formación de las expectativas en Uruguay hay que leer la prensa y las comunicaciones del Banco Central de Brasil. Esta era una de las consecuencias previsibles del abandono formal de la tasa de interés como referencia para entender lo que quiere hacer el regulador con el precio de la moneda uruguaya en el corto mediano plazo. En realidad el abandono formal de las referencias de política fue una constatación de realidad. Si ya había sido polémica la decisión de cambiar la referencia de política de los agregados monetarios a la tasa de interés, ahora la vida ha confirmado que ni los agregados ni la tasa sirven demasiado para sustituir el dólar. Esa es el ancla que ni el MEF ni el BCU van a explicitar formalmente porque hacerlo tiene costos políticos excesivos. Lo que ha sucedido entre noviembre y diciembre es más elocuente de lo que podría explicarnos un informe de política monetaria que el BCU continúa sin publicar. El gobierno está cómodo con un dólar en estos niveles pese a que en el mundo se desempeñe la moneda estadounidense, porque Uruguay está ganando algo de competitividad con Brasil su mercado relevante en todo sentido.
El problema es que esa relación estrecha o aventajada de la devaluación uruguaya con la brasileña ahora se enfrenta a nuevas incertidumbres. Hasta hace dos semanas en Brasil había inquietud por la extensión de la crisis y sus efectos comerciales.
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