UN BARCO ANCLADO EN PUNTA CALA
El título refiere a una metáfora marina utilizada por el nuevo presidente del directorio del BCU en el marco de la exposición del equipo económico. En el contexto de toda la presentación de ayer, la metáfora enlazó y explicitó con más claridad tres realidades que, hasta ahora, venían siendo indicadas con menor énfasis: la fragilidad, la tormenta y la debilidad con la cual arriba a esta instancia la única institución obligada constitucionalmente a preservar el valor de la moneda y la estabilidad vinculada a su fortaleza. El contexto en el cual esos datos cobraron más nitidez es la soledad en la cual el gobierno ha decidido desarrollar su estrategia, asumiendo el riesgo en solitario.
Bergara explicó quizás con menos tiempo del necesario que desde setiembre en adelante se había decidido levar el ancla de la política monetaria del BCU a los efectos de que «el barco tuviera más flexibilidad en la tormenta» y, liberado temporalmente de las metas que le impone su compromiso con una meta de tasa de interés, esté operando cotidianamente ya no sólo para eliminar las fuertes oscilaciones de la liquidez en pesos, sino para consentir una devaluación, que entre agosto y noviembre acumuló un 23%.
Lo que no tuvo tiempo de explicar más Bergara es por qué, luego de dos años de errores en la previsión de una inflación menor, el BCU y el mercado (o la pobre encuesta actual de expectativas) están convencidos de que el país no va a exponerse a que la inflación supere el 10%, disparando toda la indexación y sus desequilibrios.
Semiótica
Sentado al lado del ministro de Economía, y sin haber desarrollado como hubiera sido deseable una reafirmación mayor de la ya escasa autonomía del BCU, Bergara anticipó implícitamente una mayor especulación con el dólar. Esto ya es mucho en sí mismo y, sobre todo, es mucho porque en esa mayor devaluación es donde pivotea el único seguro real que tiene el gobierno para convencernos de que no habrá recesión en el año electoral. La devaluación es el santo y seña de la construcción del nuevo blindaje.
El resto de lo anunciado ayer, al igual que los paliativos, compone un esfuerzo importante para cualquier gobierno y para este en particular; pero es poco, muy poco como garantía para crecer al 3% en un contexto de permanencia mayor de la crisis externa. No desconozco las razones técnicas, ni los fundamentos políticos, ni la existencia de un diagnóstico de crisis un poco más pesimista que el expuesto ayer para obligar al gobierno y al BCU a comunicarse con el mercado, tal cual lo hicieron ayer. Todo es razonable y comprensible. «Es lo que hay…» No es así. El gobierno puede y debe pedir ayuda para mejorar la confianza e impedir que ese barco demasiado alivianado tenga que internase más en la tormenta, empujado ahora desde la costa.
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