BRASIL AFIRMA SUS DISCIPLINAS
Ayer, el mundo volvió a ser sacudido por nuevas correcciones a la baja en la estimación de crecimiento de países cuya elevada demanda de consumo y materias primas había presidido en los últimos cinco años la expansión del comercio y la revalorización de los precios internacionales de las materias primas. El Banco Mundial disminuyó su estimación de crecimiento de China al borde del 7%, aumentando la sospecha de que la precipitación de la demanda industrial y del consumo asiática pudiera estar sufriendo resquebrajamientos mayores. Paralelamente, volvieron a aparecer en EEUU sombras de desconfianza acerca de la capacidad de manejar la crisis de la actual administración. Resultados muy malos de las empresas de mayor capacidad de empleo se sumaron generando una situación que obligó al Tesoro a anunciar la liberación de ochocientos mil millones de dólares más en procura de ganar tiempo en espera que el recambio del equipo y el gobierno logren una estabilización casi milagrosa a esta altura.
En la periferia, la extensión de la crisis comienza a mellar las resistencias obligando a los países que están sufriendo salidas de capital muy fuertes, como Brasil, a una administración notable de la política y su comunicación al mercado. En observación de lo que venía sucediendo en el mercado norteamericano, el Banco Central de Brasil resolvió ayer adelantar dos días resultados fiscales que, se supone, serán mejores que los esperados, al tiempo que decidió liberar otos tres mil millones de dólares de encajes bancarios obligatorios para agregar liquidez en una plaza en la cual la demanda de reales ha comenzado a subir marcadamente. Sin embargo, esa delicada administración del plan de crisis presupone el mantenimiento de una disciplina monetaria que mantiene la tasa Selic en el 13,75% frente al riesgo de que la inflación se les vaya del 6% (la meta es 4,5% con una flexibilidad de dos puntos).
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