Crisis rápida no permitió posibilidad de maniobra
El que se quema con leche ve la vaca y llora, dice el refrán popular, que se puede aplicar perfectamente a la disyuntiva que vive el productor rural en Uruguay.
En definitiva, por mejor sea el crédito que se le pueda ofrecer, pocos acudirán al mismo como táctica para sortear los problemas, preferirán no invertir, contraerse y producir menos, la historia y los problemas que sufren todas las cadenas productivas lo determinarán. Si nadie pudo vaticinar el derrumbe tan agudo de precios, quién se anima a decir que esto es pasajero, o por lo menos cuánto va a durar. La estrategia que parece estar predominando es la de retraerse, lo que se percibe en las ventas de ganado, en los negocios del sector y en los pronósticos que señalan que las arcas municipales se verán complicadas por esta crisis. Nadie duda de los ciclos, pero en general los empresarios se están preparando para entrar en cuarteles de invierno, el nuevo tiempo de las vacas gordas se terminó y nadie puede señalar con certeza cuándo volverán.
Desánimo
El ánimo de los productores se deteriora al compás del fuerte sol de este seco noviembre. No hay quien pueda vender lo que se produce, o por lo menos el que tiene necesidad de venta lo tiene que hacer a precio de liquidación.
Si bien ningún productor tendrá que mudarse a un asentamiento, el impacto que puede tener el problema puede ser muy grave, si se tiene en cuenta la dependencia con la economía rural, que tienen las familias que viven en las ciudades del Interior. Los hechos vividos durante la crisis de la aftosa son recuerdos claros.
Nada vale
La baja en los precios del ganado aún no ha encontrado tope, esta semana los negocios concretados señalan otro retroceso. Un productor contó a LA REPUBLICA que las entradas se dan casi de favor, los precios que manejan los industriales también marcan ese tono, «te están matando y te están haciendo un favor».
Pero el problema de falta de precio se ha extendido al trigo, que está en plena cosecha, el precio se fue desmoronando y en la actualidad quien tenga trigo para vender, no encuentra comprador.
Tanto la crisis de mercado como la climática se instalaron con una celeridad increíble, en pocas semanas se pasó de un momento de bonanza a uno de crisis que a esta altura nadie puede minimizar.
El cambio no dio tiempo de modificar estrategias y no se pudo actuar con certeza, en realidad todos los productores quedaron con los campos llenos de ganado, con los trigos a punto de trillar, con remisiones de leche máximas, pero con los bolsillos vacíos. La diferencia con otras crisis es que la mayoría de los productores han resuelto el tema del endeudamiento, para lo cual se utilizaron los excedentes de los últimos años.
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