Realidad del norte y descentralización
El doctor Ricardo Rosano consideró que la descentralización ha aterrizado de modo diferente en cada departamento, de acuerdo a la institucionalidad que hay en cada uno; en Tacuarembó, por ejemplo en la Mesa de Desarrollo local se han integrado cerca de quince instituciones, todas, dijo, tienen características comunes a sociedades que agrupan a productores ganaderos, grandes o chicos, de Paso de los Toros, de la capital del departamento, y de otras alejadas de la Ruta 5. En ese marco destacó la buena aceptación que la idea ha tenido en la institucionalidad local que es bien distinta a la de otros departamentos como Colonia, San José o Canelones, donde otras producciones han generado otra institucionalidad, productores más chicos en área que sin embargo a veces manejan más dinero que los ganaderos, y que viven más cerca de los movimientos que se dan en los centros poblados del país.
No son sólo kilómetros
Un departamento largo y ancho, que tiene poblaciones rurales casi marginales, que aún viven de modo muy aislado, «a pesar de que se han mejorado las carreteras», dijo Rosano, ya que la distancia, a juicio del técnico, no son sólo kilómetros. Rosano relató que dentro del departamento aún subsisten los mentados «Pueblos de Ratas», que tanta fama dieron al norte del país y que quedaron grabados en cuentos, canciones y crónicas que llenaron de sorpresa a los montevideanos de los años sesenta del siglo pasado, cuando mostraron un país oculto y desconocido por la mayoría de los uruguayos. Sobre esa población contó que era muy complicado que se involucrara en trabajos comunitarios, «si uno va con una canasta, con una ayuda puntal la aceptan, hasta te lo piden, sin embargo, si se los pretende involucrar en un proyecto no se sienten parte, en cierto modo no se perciben como sujetos de derecho, sí como objeto», analizó.
Familia marginal
El veterinario que ha desarrollado más de veinte años de trabajo profesional en las tierras de Gardel, contó que en general los programas de ayuda que lleva adelante el Estado tienen en cuenta a los productores y a los asalariados rurales, pero no a esa familia que vive en ranchos de barro y paja, «mujeres con varios gurises que cuando uno se acerca a demandarles si necesitan algo, responden que no y uno ve cómo viven y siente un impacto». Una ruralidad que se mezcla con la próspera ganadería, siempre ha compartido ese pago grande del país, y ha subsistido en lo que Rosano dice que son pequeños núcleos poblados que pincelan la verde, ondulada y casi desierta llanura de Tacuarembó. Una población que tiene como uno de sus dramas la de ser tan pequeña en número.
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