PILAR REFORMISTA COMPLETADO CON UNA LEY REVOLUCIONARIA
El miércoles pasado, el Senado dio sanción definitiva al proyecto de Ley de Concursos y Rehabilitación Empresarial con el cual el gobierno arriba al término del período hábil para promulgar leyes que contienen variantes presupuestales, prácticamente completando lo que en el origen de la gestión fuera denominado el pilar reformista de la estrategia de la política económica. La Ley que promulgará el Poder Ejecutivo se suma a las que en la órbita de la competencia, consumo, inversión, tributación y regulación conforman una nueva estructura jurídica y normativa cuya importancia para la vida del país trasciende ampliamente lo económico. Un amplio espectro de profesionales, empresarios, legisladores y ciudadanos en general han participado en el extenso período de su consulta previa, en los dos años de trámite legislativo que precedieron a su sanción definitiva. El proyecto original del Poder Ejecutivo sufrió cambios menores en la Cámara de Diputados y fue aprobada en el Senado con una característica que importa destacar y que la define: es una de las escasas leyes de reformas trascendentes que han sido aprobadas por la unanimidad de las representaciones políticas y tiene en tanto una calificación de norma de Estado. En materia de contenidos importa saber que, de ahora en adelante, en Uruguay los concursos tendrán procedimientos simples, transparentes y previsibles. Alertas tempranas e inicio de los procedimientos por diferentes actores en un marco de flexibilidad con posibilidad de recurrir a quitas, esperas, capitalizaciones, constitución de fideicomisos permitirán a los juzgados ahora más especializados evitar la pérdida de valor del rígido procedimiento actual abriendo paso a una iniciativa socialmente ampliada de rehabilitación de una empresa con problemas.
Todo el siglo XX ha transcurrido sin que las fuentes del derecho nacional lograran establecer un régimen de garantías en el relacionamiento de acreedores y deudores capaz de dinamizar la actividad del mercado. Ahora es posible. Lo que abre paso a una revisión de la vieja cultura de los empresarios, conformada para utilizar el mercado cuando podían, padecerlo sin soluciones cuando hacían las cosas bien y los negocios no fructificaban, o bien intentar socializar las pérdidas como fuera posible utilizando incluso y aviesamente el mecanismo del viejo concordato, que ha muerto.
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