EL MERCADO ESTRANGULADO OBSERVA CON ATENCION LOS SILENCIOS DEL GOBIERNO
O el gobierno no cree realmente en la fortaleza que tiene el país y no las explica con la contundencia necesaria o, por alguna razón ignota permite que el pánico produzca comportamientos de brutal irracionalidad y costos previsiblemente elevados.
Ayer continuó precipitándose una situación que en el país adquirió algunas características novedosas. Mientras grupos empresariales vinculados al riesgoso negocio agroindustrial recibían ofertas de colocaciones a tasas similares a las que los bancos les estaban prestando a sus clientes preferenciales previamente a la crisis, en el mercado local habían desaparecido prácticamente todos los compradores – a cualquier precio- de cualquier título nominado en pesos o unidades indexadas. Las tasas en pesos volaban. La fiebre del dólar ya se había extendido a los núcleos familiares en los días previos hasta sorprender a los ahora satisfechos cambistas. Las malas nuevas provenientes del exterior, llena de referencias a siglas y valores incomprensibles para la enorme mayoría de la población asusta e induce conductas irracionales. Por ejemplo la de un doctor profesional amigo que me comentaba ayer su intención de utilizar un «conveniente» crédito de la Caja para adquirir … dólares. En estas condiciones y en una quincena tradicionalmente más «seca» es natural que la fiebre del dólar tenga una contrapartida agregada de estrangulamiento del crédito en pesos. El equipo económico no aparece, justamente ahora, explicando las fortalezas que tiene Uruguay, incluso aquellas que ya en 2002 demostraron que en menos de veinte semanas la potencia de los instrumentos monetarios posibilitó reestabilizar la confianza, frenar y revertir la disparada del dólar y colocar la inflación en una línea razonable. Ahora el escenario es diferente al de entonces. Pero la desvalorización tan intensa de la moneda nacional en estos días sólo tiene una explicación fundada en el pánico externo y los comportamientos de manada.
No hay ninguna razón para imaginar que el valor real del dólar una vez se asiente la crisis podrá siquiera mantener sus niveles de precrisis. Ahora vale como resguardo y vehículo hacia los bonos que emite en proporciones fantásticas el Tesoro; Bonos que compra el mundo pagando arriba para que el gobierno norteamericano les cuide papeles en una suerte de cofre fort planetario. Doña María cobra sus pesitos y vuelve al cambio, ahora a comprar lo que vendió el viernes para pagar la luz… ¡Terrible!
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