ANALISIS NACIONAL

LAS TASAS Y LA POLITICA

Ayer, el Banco Central debió comprometer el pago de una tasa del 6% para la colocación de veintitrés millones de UI (dos menos de lo solicitado) a 350 días. Al momento de cobrarse esa Letra, el retorno de la inversión puede ser del 11% en pesos corrientes o, más probablemente, pudiera ser del 13%-14% si se verifican las expectativas de inflación que maneja la mayoría de los analistas en este momento. Esas Letras que el BCU está colocando en el mercado son los únicos instrumentos disponibles con los que cuenta el regulador para cumplir su función reguladora en plazos mayores a los dos o tres meses, único lapso en el cual el mercado está aceptando comprar deuda pública en pesos nominales a tasas razonables. Fuera de ello, el Banco está inhibido por la suma de incertidumbres a ejercer sus funciones, lo que de hecho está determinando una corrección al alza de la tasa de Política Monetaria en el próximo Copom, o a un abandono del objetivo de mantener la inflación por debajo del 10% en el período preelectoral.

Esta es la realidad sobre la que se asienta y asentará el diseño de las campañas políticas. Y esa clave será develada el próximo 3 de octubre, oportunidad en la cual se reúna el último Comité con su actual integración. Las opciones no son muchas y a no ser que haya algún cambio extraordinariamente relevante, afuera o adentro, todo hace pensar que en este escenario se impondrá la opción de la razón. El Directorio del BCU en el Copom debe cumplir su misión y no tiene muchas alternativas que eviten el aumento, quizás en proporciones significativas. Pero, además, es inimaginable que el oficialismo concuerde en que la campaña electoral se desarrolle en un marco de conflictividad insoportable si es que los desequilibrios propios de un estadio preelectoral coinciden con un resquebrajamiento de la fortaleza del BCU, inhibido para cumplir su función principal por el riesgo que un aumento de tasas presuponga una caída mayor del precio del dólar y el nivel de actividad. Entre una adecuación del crecimiento a un nivel más uruguayo, con estabilidad y recomposición de la confianza, y una economía volando, pero con una inflación que obligue a reconsiderar todos los contratos y acuerdos, el salarial incluido, efectivamente, no hay muchas opciones. Ahora, eso debe ser dicho con más contundencia y, de ser posible, habría que adelantar las decisiones duras en este sentido.

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