LA PERTINENCIA DEL NUEVO DISCURSO
El futuro ministro ha explicitado que la política económica del gobierno no tendrá variantes en el marco de su gestión, agregando que intentará mejorar algunos aspectos que atañen a la microeconomía. Teniendo en cuenta que el contador Alvaro Garcia se ha manejado, tanto en la región como en el país, en esa articulación complicada que vincula a las empresas con el mercado y sus fuentes de financiamiento, debería esperarse, con cierta dosis de optimismo, que su discurso contribuya aún más que el del ministro saliente a generar señales y pistas acerca de cómo deben moverse los operadores del mercado de ahora en más. Ese discurso que García promete carece de la épica y el glamour del que motivan los grandes indicadores de cuentas nacionales o, incluso de aquel que ha fundamentado la explicación del pilar reformista de la actual política. Empero, en las actuales circunstancias, esa propuesta no sólo es sugerente sino imprescindible.
El gobierno ya no podrá hacer mucho en lo que respecta a la mejora de las normas o del sistema de incentivos «de mercado». Con los anuncios formales del lunes pasado, terminó de cerrarse una etapa de especulaciones y sensibilidades atentas a eventuales modificaciones de lo macro y, en tanto, de ahora en más es razonable esperar que quien acierte o se equivoque lo haga asumiendo una cuota mayor de riesgo propio. Es importante que García enfatice eso que parecería natural esperar.
En particular porque adviene ahora una etapa en la cual el desafío mayor de la política consiste en mantener la estabilidad y las reglas de juego; siendo, en paralelo, el desafío mayor de los privados, de las empresas y los trabajadores, usufructuar inteligentemente las condiciones del escenario en el cual operarán.
Si no nos equivocamos, la porción de riesgo que tomarán los privados será mayor y más exigibles serán sus resultados. Esto será particularmente interesante de observar en sus efectos sobre las conductas de empresas y familias respecto al crédito.
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