EL MINISTRO DEBE RENUNCIAR AHORA
En el correr de la semana se irán conociendo datos provenientes del entorno comercial del país que indicarán con más precisión cómo afectará la crisis internacional al país en el futuro próximo. La estrategia del equipo económico, plenamente compartida por el presidente Vázquez, está lejos de precipitar un carnaval de gastos e inversiones, pero es obvio que la estacionalidad de la política ya ha determinado que el gobierno no pueda ni esté dispuesto a establecer seguros más firmes de estabilidad de mediano plazo. La conducta oficial en la transición no se puede observar a través de un ratio alto de gasto/producto, ni calificarse porque el superávit primario sea un punto y medio o dos menor al programado. De aquí en más, el problema, más que nunca, es cómo y desde dónde se emite el discurso del optimismo. Y sobre todo cómo es decodificado este por quienes no tienen recursos ni códigos para entender cómo les va a ir en el futuro.
El ministro hace ya unos días es más precandidato que responsable principal de preservar a la población de ese flagelo del riesgo moral. Dicho de otra manera, la gente votará o no a Astori, pero continuará confiando en que el discurso del ministro y su equipo ayudará a mejorar las conductas de las familias frente al crecimiento del riesgo específico.
Astori, que sabe perfectamente cómo funciona esta oposición de intereses entre el precandidato, el administrador del gasto y el principal publicista para una comprensión popular acerca de lo que hay que hacer y lo que no se puede hacer. Por ejemplo, endeudarse a tasas incognoscibles (UI) confiando en que a todos le irá tan bien como, se informa, le irá al país. Si Astori concede permanecer en esto cuatro semanas más, mantendrá su compromiso con el Presidente pero perderá más votos en el centro, donde los riesgos de daño social se aprecian fácilmente.
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