
Hay razones fundadas para que el equipo económico no haya oficializado aún la corrección de sus estimaciones de crecimiento para el último período de la administración.
Si bien las autoridades han expresado que se superarán ampliamente los números con los cuales se elaboraron los presupuestos en ejecución -levemente superiores al 5% para el año en curso- han dejado un margen amplio de especulación entre esas metas no corregidas explícitamente aún y las estimaciones con las cuales trabaja el sector privado, del entorno del 7,5% para el presente a año. En cambio, esa brecha ente la predicción oficial y la del sector privado ya no existe para 2009, año en el cual hasta comienzos de julio, gobierno y consultoras coincidían en que el nivel de actividad ya comenzaría a recostarse sobre tasas más normales, del orden del 4% -4,5%.
Empero, julio ha sido un mes de cambios muy significativos en el entorno del cual depende la estabilidad local, sobre la cual hasta ahora unos y otros trabajaban con esa perspectiva de crecimiento alto, descendiendo ordenadamente a niveles más administrables en el año electoral. Esos cambios impactan sobre la programación uruguaya por distintas vías y, sobre todo, afectan muy diferencialmente las expectativas de los diferentes segmentos del mercado local. Las diferentes oficinas del Estado encargadas de internalizar esos datos atienden esencialmente los cambios de la competitividad y su incidencia sobre el nivel de actividad. En esta área del análisis, el indicador más fuerte de la coyuntura es la consolidación en el mes de julio de la afirmación del precio del dólar norteamericano frente a la canasta de monedas de la casi totalidad de los países desarrollados.
Esta tendencia, constante en las últimas tres semanas, ha cobrado intensidad y en la semana cerrada el viernes, la cotización del dólar frente al euro aumentó otro 1% con una cotización del euro cerrando a US$ 1,556. Este es un precio esencial para Uruguay, pero es leído con más atención en su expresión de indicador.
Esa nueva relación cambiaria obedece a una nueva expectativa de cuál será el diferencial de las tasas de interés norteamericanas y del resto del mundo de ahora en adelante. Esa relación con el euro mide una: la que adelantan las cotizaciones de futuro en el mercado de tasas y que ahora confirman que, en vez de subir las tasas, Europa no puede enfrentar la inflación creciente sin precipitarse en una recesión más profunda que la que ahora se conoce, caracteriza la economía de EEUU desde fin del año pasado. Uno de los nuevos problemas en consideración por las oficinas del gobierno es qué sucederá con la competitividad corregida ahora por esa realidad anticipadas en los mercados de futuros de tasas y corroborada en los mercados spot de cambio. Ahora la atención gira de la relación de competitividad dólar/peso porque ya ha cambiado la competitividad del dólar en Europa y, sobre todo, el dinamismo del los mercados de destino de bienes nacionales más dinámicos hasta ahora, los europeos.
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