Escrito por: Jorge Jauri
El gobierno se ha tomado su tiempo y quizás hubiera tenido unas semanas más para explicitar los ajustes y nuevas metas programa si no fuera porque en los últimos días se ha precipitado un conjunto de datos que llevan, indefectiblemente, a que algunas cosas ya no se puedan seguir manejando en base a las pautas que explícita o implícitamente el gobierno había logrado imponer. Entre esas cosas que exigen nuevos datos, la negociación colectiva es lo que apremia, aunque todo el armado presupuestal de públicos y privados ya no pueda manejarse en los parámetros aceptables tres semanas atrás.
O el gobierno logra quebrar las expectativas de desequilibrios crecientes con ajustes no compatibles con lo que parece ser la estrategia electoral de la izquierda o debe indicar como van a cerrar sus cuentas y, además, advertir a las familias que el gasto del consumo no podrá seguir creciendo al 8% sin riesgos que no va a poder cubrir. Dos de cada tres unidades de valor agregado en el último año fueron demandas internamente. La indexación también tiene un límite tal cual el gobierno reconoce indicando ahora que está dispuesto a realizar ciertas concesiones a condición que no se le impongan cláusulas gatillo y mecanismos de indexación presupuestal automática.
Parece una demasía remitirse al reporte emitido por la Reserva Federal de los EEUU al comienzo de la semana pasado pero la señal es clara. La inflación se ha escapado de control a nivel global y ello reubica al Banco Central norteamericano en el principio de una política más contractiva. Ahora la FED advierte que, suceda lo que suceda con las elecciones y el humor circunstancial de los norteamericanos, comenzará a ajustar al alza las tasas de interés, o sea el precio que ha quedado más rezagado en el aluvión inflacionario. Ello no será gratuito para los norteamericanos, ni para nosotros. La precipitación de la operación de canje de deuda pública uruguaya que finaliza mañana intentó adelantarse a ese escenario.
Otros hechos y datos inducirán al equipo económico a precisar su estrategia antes que, por defecto, intentemos leerla informada únicamente por una minuta del Copom del jueves de la semana próxima. Hoy se conocerán los resultados de las cuentas públicas de mayo, mañana la inflación de junio. Ninguno de los dos datos va a ser tranquilizador. El problema ya no consiste en que el petróleo se haya instalado en un rango que obliga a gastar uno de cada tres dólares exportados en pagar esa factura; el lío deviene de ese indicador como expresión de la capacidad y propensión mayor al gasto de públicos y privados. Vivimos en el mejor de los mundos y nos hemos comprometido a seguir allí con todo el empeño … en gastar todo lo que se pueda.
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