ASTORI SE QUEDA, ENCERRADO, FRENTE A UN DILEMA INEVITABLE
En la jornada de hoy se sabrá un poco más acerca de si en las horas previas, probablemente utilizando el entorno climático del viaje presidencial, se logran neutralizar los desencuentros que surgieran en las últimas horas respecto a cómo se iniciará al fin la negociación salarial masiva. Como se sabe, ya las expectativas privadas de inflación no son las que indicaba la última encuesta difundida por el BCU el pasado viernes 13, aún situadas en el techo del rango programa (7%). Ni son tampoco aquellas que, tres semanas atrás, le permitieran al Copom mantener su tasas de política monetaria en el 7.25%. En este período el gobierno y el regulador han extremado al límite el uso de los instrumentos disponibles, sin rozar aún límites admitidos por la «cordialidad» política. Esencialmente, se completó el marco que permitió al BCU volver a la contracción de los medios de pago golpeando el multiplicador bancario sin mayores costos parafiscales y se instrumentaron las medidas posibles para que ello no impactara más sobre el precio del dólar. Pese a que no hubo reunión formal del Comité de Coordinación Económica, el equipo económico, el regulador y las autoridades del Ministerio de Trabajo entendieron que en estas condiciones se podía lanzar la ronda de negociación salarial con la credibilidad suficiente en que el gobierno lograría topear la inflación, o al menos incidir sobre los precios principales del IPC, que no es lo mismo obviamente. El ensayo fue completado con un anuncio arriesgado: la ratificación que el gobierno leudaría cualquier desencuentro -si fuera necesario- homologando acuerdos cuyos incrementos no superaran el 5% -eje del rango admisible de aumento del IPC más 2% en el caso que ellos se extendieran hasta el fin de su mandato.
Lo interesante del caso es que, aunque las nuevas expectativas de inflación no estaban situadas aún en lo que hoy es un 8% mínimo, el equipo económico sabía que en pocos días esas serían las expectativas dominantes con las cuales comenzarían a trabajar en estos días consultora y empresarios. Es difícil en tanto entender cómo está razonando el gobierno frente a tal potencial de desencuentro cayendo sobre la negociación salarial, capaz además de extenderse rápidamente a la discusión del proyecto de rendición de cuentas.
El gobierno tiene un dilema y la opción por enfrentar uno u otro conflicto derivado de su opción: o anuncia ya una batería de medidas monetarias y fiscales de choque, de aquellas capaces de cambiar realmente las expectativas inflacionarias, o debe dilatar de alguna manera la negociación salarial por un tiempo prolongado. Si soslaya el dilema, se arriesga a enfrentar una extensión masiva de la especulación financiera y política. En cualquiera de los casos, Astori y su equipo no tienen sustitutos ni suplentes con vocación suicida. Por unos cuantos meses más, al menos.
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