Productores con restricciones para acceder a semillas INIA
En la edición de ayer publicamos la visión oficial del instituto de investigación uruguayo sobre el convenio que firmó con una empresa, líder mundial en el mercado de semilla fina. En esta edición ponemos sobre la mesa la óptica que tienen algunos actores vinculados al medio agropecuario.
Alfredo Pecury es agrónomo y productor que trabaja en Prosem, grupo de semilleristas que funciona en el marco de la Cooperativa Agraria de Rocha.
Prosem realizó la multiplicación y participó en la difusión nacional del Lotus Maku, tarea que hizo en colaboración con INIA. Dato que sirve de antecedente para evaluar las críticas que Pecury sobre el acuerdo comercial que realizó INIA con una multinacional neocelandesa.
El técnico afirmó que «nosotros evaluamos que la función del INIA es trabajar para los productores, y en el pasado ha liberado variedades que contribuyeron al desarrollo del país» Para Pecury esto fue así hasta la creación del Instituto Nacional de Semilla -Inase-. «A partir de allí, no sé el número exacto, pero han salido unas doce, trece, o catorce variedades de forrajeras, que no han tenido difusión nacional, resultado positivo ni impacto, no por malas, sino por que no llegaron a los productores».
Camino y desencuentro
El agrónomo relató que «las cooperativas y todas las pequeñas empresas han realizado un trabajo permanente de extensión, han sido el brazo ejecutor en cuanto a la distribución y enseñar a la gente el uso de las semillas de INIA».
Era una buena y justa relación que se rompió, «ahora, las semillas son otorgadas a empresas individuales, que actúan o no actúan en la distribución y producción de las mismas, en función de los intereses particulares».
El técnico señaló que algunas empresas «guardan la semilla en un cajón y no la multiplican, al estar en alianzas con otras empresas o al importar otras variedades que de pronto son producidas en el exterior y vendidas acá y no les interesa tener una fuerte competencia nacional». Esta práctica comercial está en el polo opuesto del cometido de INIA, señaló el productor del este del país.
El productor y técnico señaló que en muchos casos ha acontecido que «las variedades adaptadas al país no tienen la distribución que debieran tener, salvo las tradicionales que todos seguimos usando porque funcionan, pero las nuevas no las hemos podido difundir ni hacer nada con ellas porque se nos ha cortado el acceso a las mismas» dijo.
Recordó algunas experiencias anteriores similares que vinculan al instituto con las poderosas cooperativas del litoral oeste de nuestro país, que han pagado por la exclusividad, lo que es una práctica empresarial que no es digna de un instituto nacional, explicó Pegury.
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