ANALISIS NACIONAL

LA ELUSION DEL RIESGO EN EL DISCURSO ECONOMICO

En los últimos cuatro años la economía ha acumulado un crecimiento que duplica el nivel de sustentabilidad más o menos administrable con riesgos medianos. El consumo y la inversión privada vuelan, el gasto público crece en línea con aquella exorbitancia del crecimiento. Ahora ingresamos en un período en el cual la maduración de proyectos públicos sumará al torbellino el hasta ahora relativamente retrasado gasto en inversión pública. La infraestructura de servicios, incluyendo la estatal está desbordada. Desde afuera se multiplican los desequilibrios. El BCU ya no tiene mucho margen para enfrentar más rebrotes inflacionarios. Afuera, los mercados de tasas y monedas sujetos a especulaciones políticas de todo tipo cubren sus riesgos en los mercados de futuros de la energía y la alimentación dónde se visualizan mejores retornos. Ello ha dibujado un nuevo mapa de ganadores y perdedores, posibilitando la emergencia de los países que en la periferia utilizan convenientemente las oportunidades.

Sin embargo, los diferenciales de tasas de interés están exponiendo riesgos diferentes en este conjunto emergente. Y allí, a Uruguay le va decididamente mal. Cada coletazo de la crisis de los mercados centrales se expresa en indicadores de riesgo diferentes según sea el país de la periferia que los inversores más cautelosos del exterior observan. Dado que una porción muy importante de la deuda emitida por Uruguay está en posesión de inversores institucionales o administradores de fondos de pensión ­los nacionales principalmente- esa respuesta diferencial frente al riesgo que presenta Uruguay en relación a Brasil, a Colombia, Perú, México u otros países de la periferia no se expresa con claridad en el corto plazo. Pero es notorio en el largo plazo y ello explica la permanencia de una calificación de riesgo especulativa que molesta al gobierno, pero que tiene sus fundamentos claros. Pese a la particular situación del sistema financiero uruguayo y sus clientes corporativos, ese riesgo mayor también se expresa en las tasas de interés locales. Este es un indicador que no es mostrado y explicado usualmente en las presentaciones públicas del equipo económico; volvió a omitirse en la explicación de la política salarial. Decididamente el riesgo parece no preocupar a nadie, al menos en público.

 

El coctail del crecimiento y la perfomance de la DGI tranquilizan y embriagan en demasía. Hemos comenzado a perder la perspectiva de estabilidad. No es preciso crecer al 7% ú 8% gastándose todo e induciendo directa o indirectamente la continuidad del gasto del consumo. Ello entraña la acumulación de riesgos que explican gran parte de la prematura especulación electoral; elevándola por si fuera poco a un desideratum capaz de arbitrar por si misma, la victoria de buenos sobre malos administradores de ideas y políticas. El síndrome de Robin (Hood) se extiende sobre todo el sistema de representación político. Desde el análisis de historia, Cesar Aguiar explicaba recientemente en el CALEM, el riesgo de menospreciar el valor de la estabilidad en política. A los golpes hemos aprendido a saber que sin afirmación institucional, sin estabilidad de precios y fortaleza consecuente de la moneda, sólo existe la confrontación bárbara, la conversación de la guerra y el pensamiento tributario de sus exigencias.

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