ANALISIS NACIONAL

IPC: LA LIQUIDEZ MANTIENE EL CONSUMO ALTO Y EXPLICA LOS ERRORES

Los márgenes de error entre la inflación realmente verificada y la esperada ­tanto por el gobierno como por las principales consultoras y analistas­ se mantienen incambiados. Está siendo muy difícil prever la evolución de los precios relativos más importantes y, en tanto, el riesgo de descalce de moneda es un problema en la presupuestación pública y, esencialmente lo es, en aquellos proyectos de inversión más delicados armados por los empresarios nacionales con necesidad de financiamiento de la inversión. Las tasas de interés ya tienen causas endógenas al sistema financiero para aumentar y, ahora, la incertidumbre sobre esa brecha permanente entre los indicadores más utilizados para estimar la inflación y la realidad agrega costos y dificultades. Ostensiblemente el BCU no puede avanzar demasiado más en la utilización de los instrumentos de regulación monetaria. La vigencia de las medidas que inmovilizan y encarecen las previsiones y garantías bancarias ha coincidido con adversidades de todo tipo en lo que refiere a los riesgos inflacionarios. A lo cual se le une la persistencia del bajo precio del dólar a nivel global y la caída del signo norteamericano frente a las revalorizadas monedas nacionales.

Mas que la inflación en sí, lo que comienza a inquietar es esa brecha permanente que existe entre la inflación estimada y la que finalmente se verifica. En meses previos, el gap ha sido más amplio que los dos puntos que ahora separan el 5% de la meta oficial y el 7,2%. Esa brecha es de un punto entre la previsión privada y la inflación verificada en los doce meses previos a mayo. A diferencia de un año atrás, la porción de deuda nominada en moneda nacional reajustable con inflación era sustancialmente menor. El índice ha cobrado un valor propio no ya como indicador de la evolución de los precios relativos sino como factor de redistribución de la renta financiera. O como factor esencial para la negociación salarial que se inicia a mediados de mes. Si esa ronda convalida aumentos reales del orden de los que se están insinuando, es obvio que habrá allí un componente de presión inflacionaria que, por ejemplo, no existió en la ronda previa, lo que contribuyó mucho a que no se ejercieran presiones aún mayores sobre los precios.

Es notorio que frente al riesgo de un incremento autoalimentado de los precios internos derivado de las novedades que pudieran surgir de la ronda salarial, el BCU será impulsado a contraer más los medios de pago. En los próximos días se observará hasta dónde quiere o puede llegar el gobierno en su intención de estabilizar la economía frente a presiones crecientes. Y hasta dónde responde a tal intención un mercado que sigue teniendo mucha liquidez en pesos.

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