DROGA Y ECONOMIA
No es usual que en una columna de seguimiento o análisis de la economía con un especial énfasis en evaluar hechos de mercado, se trate temas como los que sugiere el título. Sin embargo, la operación completada el sábado pasado, mediante la cual se logró conformar un conjunto de semiplenas pruebas acerca de la acción de asociaciones para delinquir muy especializadas en el tráfico de drogas, genera inferencias, sinergias fuertes en relación con la economía y su perspectiva.
Las características de la operación, su profesionalismo y extensión discreta en el tiempo, los vínculos personales, económicos y políticos de los sujetos procesados, transforman una noticia de corte policial en un hecho que llama la atención y no pasa desapercibida para los analistas del riesgo. Uruguay está siendo agredido hace un buen tiempo por fenómenos que tiene su origen en el exterior y se potencian en el país. Se especula con la debilidad de los reguladores, la vejez de los códigos y la pobreza de los administradores tributarios o de Justicia. El Estado aparece pobre y obsoleto, sujeto de uso de la especulación más indeseable. La opacidad de los mercados y los procedimientos, sugiere, que alguien siempre puede «ayudar» al amigo en apuros con prescindencia del daño que ello cause a la comunidad, a la competencia leal, y sobretodo a los más desvalidos.
El continuo de acciones represivas comandadas con precisión quirúrgica desde una sede judicial y ejecutada por más de setenta efectivos policiales durante meses, establece una novedad impactante en el país de los «amigos» y las solidaridades mal entendidas. Uruguay tiene reservas institucionales y morales capaces de ser activadas cuando la voluntad política y los liderazgos lo demandan. Hasta ahora era inimaginable que una operación de esta naturaleza, extensión y trascendencia fuera llevada a cabo sin que un teléfono se levantara solícitamente en la oficina de un jerarca con poder disuasivo suficiente. Esa fue el riesgo que no pudo cubrir como otras veces el especulador criminal. Toda una señal.
De un hecho trascendente pero relativamente lejano a su ámbito natural, el mercado, la economía, han recibido una inyección de confianza de envergadura mayor a un canje de bonos exitoso o al propio impacto de reconstrucción de la confianza pública que supuso la operación de salida de la crisis financiera y de deuda de 2002-2003.
La operación se ha conformado en una señal potente que advierte sobre las inconveniencias de especular con debilidades históricas. Y ello, además, mejora automáticamente la propensión a la transparencia, la lealtad pública y la confianza en la profesionalidad de la Justicia para juzgar desde crímenes complejos hasta problemas de competencia desleal. No es poco, ni ajeno. Felicitaciones.
Compartí tu opinión con toda la comunidad